5 (clásicos) sustitutos para Tu cara me suena


Hace ya cuatro años que Antena 3 encontró (yo creo que sin esperárselo) su gallina de los huevos de oro: Tu cara me suena. El gran espectáculo musical y humorístico que lleva ya 5 años cosechando buenos datos enfrentándose incluso a durísimos rivales. Su última proeza ha sido lograr que Antena 3 se apunte para sí la noche de los viernes que tanto tiempo llevaba siendo feudo de Telecinco.

Una tercera edición extremadamente alargada y la falta de humor en una edición con niños enfrentada directamente a Gran Hermano parecían haber debilitado el programa. Pero Antena 3 apostó por él más fuerte que nunca. Dio un lavado de imagen al programa y reunió su mejor elenco de participantes para volver a triunfar con más humor y más espectáculo. Y aunque no han podido evitar sucumbir a la tentación de volver alargar el programa con más galas de las necesarias (lo bueno, si breve, dos veces bueno), Tu cara me suena encara su recta final de la edición planteando la duda de quién será su sustituto.

Candidatos no faltan. Si te has dado un mínimo paseo por webs y blogs sobre televisión, habrás visto muchas propuestas y rumores. Quizás, el candidato más lógico sería '¡Eso lo hago yo!' el formato israelí que viene a ser un 'Tu cara me suena' de habilidades del que Antena 3 no solo tiene los derechos, sino que tiene incluso ya una edición grabada con anónimos. Pero lleva ya tantos meses en el cajón, que no sabría si pensar que lo están guardando para el mejor momento (al más puro estilo 'El tiempo entre costuras') o si el programa realmente no merece la pena.
 
En cualquier caso, el rumor más extendido es que podríamos encontrarnos con un 'Fama ¡a bailar!' reformulado, convertido en una gala semanal al más puro estilo del fracasado '¡A bailar!' con Mónica Naranjo.

Y puestos a rescatar programas, son muchos los que piden también la vuelta de Operación Triunfo para seguir llenando de música las noches de los viernes en una noche en la que ya lo intentó (sin éxito) 'El número 1'.

Yo no quiero ser menos y me apunto a la moda de hacer listas para proponer desde aquí 5 programas que podrían sustituir, con éxito, a 'Tu cara me suena'

1.- Imagínate que la decisión depende de mí. Pues lo tengo clarísimo. Ha llegado la hora de que regrese '¿Qué apostamos?', el clásico programa de retos de los noventa que era cita obligada con Ramón García todas las noches de viernes. Eso sí, tendría que ser una versión renovada, más ágil y sin ranciadas. Las nuevas tecnologías podrían mejorar mucho tanto la puesta en escena de las apuestas como la interactividad de los espectadores, que no sólo podríamos apostar sí o no, sino que podríamos contribuir (o no) a la apuesta final que determina quién se ducha. Por que sí, en este nuevo '¿Qué apostamos?' también tiene que haber ducha. Es más, debería haber dos, permitiéndonos a los espectadores votar vía app quién queremos que se moje, como antaño se hizo ya por teléfono. ¿En las duchas? Yo me imagino perfectamente a Anna Simón llevando las riendas del programa. No sentadita en el sofá de la Obregón, sino presentando las pruebas como lo hacía Ramón García. Y en el sofá, un buen moderador, un Frank Blanco, Luis Larrodera o similar

No tiene música, pero '¿Qué apostamos?' es espectáculo puro y duro, del que tan bien le funciona cada día a 'El Hormiguero'. Además, los famosos ya tienen su buen grado de experiencia a la hora de dar juego desde un sofá en el que las apuestas no se harían nada aburridas. Entre concursantes de 'Tu cara me suena', colaboradores de 'Zappeando' y presentadores varios, Antena 3 tiene una buena cantera de invitados de la que echar mano. Además, este programa tiene también el factor nostálgico. No creo que nadie que hubiese encendido la tele en los 90 no haya visto nunca nada de '¿Qué apostamos?'. Muchos han pedido ya su regreso y el hueco de 'Tu cara me suena' es su momento ideal.


2.- Aunque si nos ponemos a rescatar formatos míticos, la noche de los viernes también ha sido siempre un buen hogar para el 'Un, dos, tres'. Ya 'El hormiguero' hizo un amago de rescate durante una visita de Mayra Gómez Kemp. Fue un especial de prime time cutrillo, pero con buena audiencia. Es un programa que también juega con la nostalgia pero que, además, es entretenimiento en estado puro. Ágil ronda de preguntas donde todo el mundo puede participar, una imprescindible prueba física bien divertida y una subasta final llena de humor en la que Antena 3 puede echar mano de toda su galería de personajes y cómicos. Nadie mejor que Atresmedia para devolverle la vida a este clásico.

Quizás aquí el problema sería a quién entregarle la conducción. Manel Fuentes me parecería una opción ideal, pero por no repetir, habría que buscar a otro. Y no, no apostemos otra vez por las tonterías de Arturo Valls. El 'Un, dos, tres' tiene también ese componente de picardía con los concursantes que requiere cierta seriedad. Tal vez este fuese el regreso ideal para Paula Vázquez, en todos los sentidos. Aunque, si me dejan elegir a mí, el programa sería para Ana Morgade. Que Antena 3 piense bien el presentador pero, donde no debería equivocarse bajo ningún concepto, es en la elección de los personajes sustitutos de las Tacañonas. Para que el programa vuelva a funcionar, necesitan unos malos a la altura.


3.- Coincidirás conmigo en que vivimos en una época dorada del entretenimiento político. El humor y la sátira están a la orden del día y bien saben en La Sexta que la política funciona. Por eso, aunque estemos en Antena 3, creo que la noche de los viernes es ideal para 'La parodia nacional'. Música y humor para continuar la estela de 'Tu cara me suena'. Eso sí, en un programa no tan blanco.

Quién presente el esta nueva 'Parodia nacional', aquí, es lo de menos. Lo importante es tener un buen elenco de actores-cantantes que representen bien unas letras que, tal y como va el país, tendrán mucho que decir y de lo que reírse. Un formato que casi es más de La Sexta, pero que encaja perfectamente en Antena 3 aprovechando que en la noche de los viernes justamente no se habla de política en su "hermana pequeña".


4.- Pero si vamos a rescatar un programa de diversión musical, aquí también tiene su sitio 'Furor'. Famosos cantando en plan karaoke. Parece viejuno, pero es atemporal. Aquí, otra vez, Antena 3 puede echar mano de su cantera de talentos para lograr invitados que den muchísimo juego encabezados, esta vez sí, por un Arturo Valls que puede ser tan pícaro como lo era Caparrós pero que, además, le puede dar ese componente de vacile que tan bien le funcionaba en 'Me resbala'.

No, no me olvido de que Antena 3 ya lo intentó con 'Dando la nota' y fue un fracaso, pero es que yo propongo que lo actualicen en plan bien y no a lo loco. Muchos invitados, mucha canción, mucha prueba y toda la locura de Arturo Valls pero, sobre todo, que el programa tenga sentido. Si nos parece antiguo que los concursantes se dividan en chicos y chicas, démosle dinamismo y cambiemos el enfrentamiento en cada programa: jóvenes contra viejos, rubios contra morenos, humoristas contra cantantes... Solo pido que los equipos tengan sentido y no sean solo un grupo de famosos a los que les han puesto el mismo color. Y es que buena parte de la gracia de este programa es el tener motivos para ir con unos u otros, más allá de si me encanta la Pedroche o odio a Matías Prats. Sí, Matías Prats debería concursar algún día.


Y después de cuatro apuestas tan potentes, he tenido muchas dudas a la hora de elegir una quinta posibilidad. Me ha tentado mucho el 'Caiga Quien Caiga'. Es el momento ideal para este programa. Más aún, teniendo en Atresmedia a las dos estrellas de las dos épocas del formato: Manel Fuentes y el Gran Wyoming (más Arturo Valls). Podría tener mucho peso y ser genial, pero es un programa que se aleja ya mucho de lo que la audiencia ha encontrado en Tu cara me suena frente a Sálvame Deluxe.

5.- Así que he optado por un concurso. Y aunque podría ser divertido ver de nuevo insultar a los concursantes de 'El rival más débil', opto por la música y por un formato muy sencillo pero del que la audiencia guarda buen recuerdo. Hablo de 'Al pié de la letra'. Música y entretenimiento perfectamente aunados en forma de un concurso que, eso sí, tendría que modificar sus dinámicas para ocupar el larguísimo prime time de los viernes. Y es que, del mismo modo que hoy muchos nos reunimos frente al televisor para divertirnos rememorando artistas, podemos hacerlo con letras de canciones, algo de lo que, inevitablemente, todos sabemos. Un programa de esos de los que, sin darte cuenta, te quedas enganchado viéndolo canción tras canción. Un entretenimiento incluso más básico que el de 'Tu cara me suena'.


Ya lo decía Karina: "volver la vista atrás es bueno (a veces)". Y tal vez Antena 3 tenga en el pasado la clave al futuro de su prime time. O tal vez no. De lo que no tengo duda es de que, si quiere seguir triunfando, tendrá que volver a apostar fuerte.

Me he dado de baja en Netflix

Supongo que te habrás enterado. El pasado 18 de octubre Netflix aterrizó en España en lo que muchos imaginaban sería toda una revolución. Yo no sé si fue una revolución. Creo que no. Lo que sí sé es que muchos nos lanzamos cual buitres a ver qué había ahí dentro de esa caja llamada Netflix. Algunos, amparados por la suerte de gozar de los 6 meses gratuitos que regalaron a los periodistas y bloggers más top. Otros como yo simplemente animados por la curiosidad y la tranquilidad de ese primer mes gratuito que ofrecen a los nuevos usuarios.

Muchos tiraron de fuegos artificiales con la llegada de la plataforma. Yo fui más bien del grupo de los aguafiestas, encontrándole muchos problemas y defectos a un sistema que, un mes después, no ha logrado convencerme. Sí, me he dado de baja de Netflix y hoy quiero contarte por qué.

No abandono Netflix por falta de uso. Durante este mes le he dedicado muchas horas. Me he obligado a hacerlo para ver si el sistema me convencía... y no, no me convenció.

De entrada el catálogo. Dicen los grandes defensores de Netflix que el catálogo lo irán mejorando con el tiempo. Bueno, pues partamos de la base de que yo soy un usuario actual de Netflix. No soy la señora de la lejía que viene del futuro, así que lo que me interesa es que en este preciso instante Netflix tenga una variedad de contenidos que a mí me apetezca ver. ¿La tiene? No. Sí ha mejorado algo el catálogo durante este mes, pero no lo suficiente. Hay poco contenido interesante y el contenido interesante que hay... ¡ya lo he visto!


En series, he aprovechado para arrancar la cuarta temporada de 'Pretty Little Liars' y he visto también un documental sobre 'Sense 8'. Es cierto que sí han traído series que no se habían emitido en España, como 'Orphan Black' o algunas originales de Netflix pero, seamos realistas, estas también las hemos visto. ¡Esto es España! Netflix tiene el problema de que no va pegado a la emisión. No es ni bueno ni malo, simplemente no se ajusta a las costumbres que tenemos los seriéfilos de ver todo cuanto antes, mejor.

Así que el grueso de mi consumo en Netflix lo he dedicado al cine. En este mes he visto las 11 películas que más me han llamado la atención del catálogo. Algunas son musts que tenía pendientes, películas a las que tenía muchas ganas. Pero solo algunas. Al final he tenido que optar por el descarte y atreverme con absolutas desconocidas. Alguna muy buena. Otras, verdaderos truños. No solo he tenido que elegir entre pocas películas que no había visto ya, sino que he tenido que elegir entre películas malas.

Pero la guinda del pastel la encontré en el esperado y laureado sistema de recomendación de Netflix que conmigo no pudo equivocarse más. Y antes de que dudes de mí te diré que le puse ganas. Muchas. Puntué absolutamente todo lo que ya había visto del catálogo esperando que la plataforma me descubriese algo que me estaba perdiendo. Pues bien, no acertó ni una sola vez. Me recomendaba series que ya había visto y no me gustaban (como Daredevil), insistía en que volviese a ver 'Sense 8' o me recomendaba series de comedia que no me apetecían lo más mínimo. Y aunque yo no hacía más que ver películas, Netflix no llegó a recomendarme ni la primera. Vamos, que o a mí el algoritmo me tiene manía o algo falla en este asunto.

Menos mal que nos queda la navegación. Ahí Netflix no está de todo mal. Es intuitiva y sencillita. Pero tampoco me ha convencido. Está pensada para que Netflix tenga el control, para que él te diga qué debes ver, qué tienes a medias y qué has visto. En ningún momento te cede el control para que te deje marcar qué has visto ya (aunque no fuese en Netflix) ni qué te gustaría ver cuando, por ejemplo, haya más capítulos disponibles (problemas que ya le critiqué en su día a otras plataformas como Yomvi).

Pero la cosa se complica cuando decides tú buscar el contenido que deseas ver. Con un sistema de recomendación que falla estrepitosamente y con un catálogo tan limitado que hace que buscar por título sea un absurdo, lo que el cuerpo nos pide (y el sistema nos obliga) es sumergirse en las profundidades de la página para ver qué nos podemos encontrar ahí. El sistema es intuitivo, sí, pero también tedioso. Tiene filtros interesantes, pero se echan en falta algunos útiles (como poder ocultar lo ya visto). Buscar qué ver se convierte en un trabajo y esto no me invita a quedarme.


Con este panorama, comprenderás que me de de baja de Netflix. Pero no me doy por vencido con el mundo de la suscripción y el VOD. No. De hecho, me paso a la competencia. A mí lo que me gustaría tener es un Movistar series pero, por algún extraño motivo, este solo está disponible para sus suscriptores. Por ello, me conformaré con un Yomvi básico e intentaré exprimirlo al máximo durante los tres meses de suscripción que me han regalado (no Yomvi, sino mi banco, cosas de la vida).

Y en tres meses tendré que tomar una nueva decisión ¿seguiré en Yomvi? Tal vez entonces vuelva a Netflix. Quién sabe. Pero, por ahora, me voy. No está a la altura.

Tu cara me suena. ¡No toques! ¿Por qué tocas?

Hace ya una semana que volvía a nuestras pantallas el que, no sé para ti, pero para mí, es el show por excelencia de la televisión nacional: Tu cara me suena. Y parecía hacerlo por la puerta de atrás, en una noche de viernes moribunda para Antena 3, y con grandes cambios que me hacían dudar cuán en forma estaría el formato.

Las audiencias hablaron todo lo rápido que hablan las audiencias. Ya se vio en el propio twitter, donde #TCMS se mantuvo en lo más alto de los Trending Topics durante toda la noche lejos, muy lejos, de los siempre simpáticos hashtags propuestos desde Sálvame. El estreno de la cuarta temporada (quinta, si contamos la última edición con niños) fue un éxito rotundo. Aún en viernes, logró sentar frente al televisor cifras que serían un éxito cualquier otro día de la semana.

Lejos de volver por la puerta de atrás, Tu cara me suena volvió como el arma definitiva con la que hacer daño a Telecinco en la noche de los viernes: el humor. Antena 3 sabía que funcionaría porque ya lo había logrado en anteriores ocasiones. El único problema era el desgaste que acusaban rápido sus nuevas apuestas. Algunas, como el show de Manel Fuentes y Arturo Valls, ya ni llegaron a despegar. Tu cara me suena ofrecía todas las garantías. Si iba bien, ¡genial! Si salía mal... mejor darse el batacazo en una noche ya perdida que en una por perder.

Con esto vengo a contarte que, no por ir en viernes, Tu cara me suena venía menos fuerte. Se nos prometían cambios en el jurado, cambios en la mecánica y el mejor casting de su historia. No imaginábamos hasta qué punto iba a renovarse el programa.

Los cambios en el jurado eran necesarios. Marta Sánchez nunca encajó. Fue el mayor error que cometió jamás el programa y lo ha pagado con creces. Su presencia solo sirvió para que nos riésemos de ella. Pero ella nunca se prestó a la comedia como sí lo hicieron Los Chunguitos que, aunque te diré que nunca han sido santo de mi devoción, sí eran una prolífica fuente de carcajadas. Por ello, cuando Shaila Dúrcal viene a sustituir a la rubia del "Soy yo", soy yo el que no puede más que aplaudir. El mérito, sin duda, lo tiene más que nadie Marta Sánchez, pero Shaila ha demostrado tener la entereza  y la credibilidad necesarias para ejercer de jurado. Canta, domina el inglés y se ha animado también a imitar. No ha brillado, pero es normal. Es su primer plató y a Mónica Naranjo también le costó un tiempo desmelenarse y convertirse en el animal televisivo que ahora es.

El cambio de Mónica Naranjo era, más que necesario, inevitable. No es solo que la del Sobreviviré haya fichado por la competencia sino que habíamos llegado a un punto en el que la Naranjo hacía más daño que ayuda. Tu cara me suena la convirtió en un animal televisivo y ella se convirtió en un monstruo. Dentro de sus bromas, su simpatía, sus piques con Àngel LLàcer... Dentro de todo esto, Mónica Naranjo era la voz de la cordura, de la responsabilidad y de la credibilidad. En un show donde reina el cachondeo, ella era un poco la figura de la justicia. O, más que era, lo fue en su día. Llegó el día en el que las votaciones más cavales eran las del profesor bufón Llàcer y eso solo puede ser síntoma de que algo anda mal. Tu cara me suena debe ser un concurso divertido y de competencia sana, pero un concurso justo, al fin y al cabo.

Es Lolita quien viene a ocupar con acierto el lugar de la Naranjo. Trae la experiencia, las tablas, el desparpajo y su propio público (ideal para la noche de los viernes, por otra parte). Debo admitirte que no daba yo un duro por el fichaje de esta mujer, pero ha resultado saber prestarse a las gracias sin llegar a perder las formas y, sobre todo, ha sabido situarse como el contrapunto perfecto al omnipresente Ángel Llàcer. Mientras no se pervierta, el jurado funcionará.

Nos anunciaban el mejor casting de su historia y sospechábamos que íbamos a pasárnoslo muy bien con tanto humorista y figura ahí junta. Las risas han estado aseguradas pero, qué quieres que te diga, eso ha sido secundario. ¿Quién nos iba a decir a nosotros que, además de graciosos, lo iban a hacer tan bien? Yo me esperaba a Falete haciendo de los Chunguitos, a Vicky Larraz a la par que Ángela Carrasco y a Pablo Puyol superado como le pasó a Dani Diges. Pero no. En esta edición los concursantes no solo son divertidos, ¡también son muy buenos! Tu cara me suena ha conseguido sorprendernos con la calidad del show y eso, más que positivo, es de agradecer.

Los últimos cambios que le han metido al formato han llegado en la mecánica de la recta final, en las votaciones y en el pulsador. Pulsador que ya no es pulsador. Tu cara me suena ha optado por la palanca tan característica que tenía el formato en su adaptación estadounidense (Sing your face off) y estéticamente, funciona. No tiene la "tensión" del cuándo pulsará el concursante pero, asumiendo todos que el pulsador es falso, la palanca nos evitará los momentos incómodos de cuando el concursante se pone tonto o charlatán y no deja que el concurso avance.

Solo me queda hablar de los cambios de mecánica así que hasta aquí lo bueno. Ahora es cuando el cuerpo me pide citar a La que se avecina y gritar bien alto  "¡No toques! ¿Por qué tocas?".

Tu cara me suena es un gran show musical, pero es también comedia en estado puro. Yo si me siento edición tras edición delante de la tele a ver este programa es porque espero reírme. Y mucho. Pero claro, si nos tomamos en serio las actuaciones (no como el Rhyanna de Arturo Valls) y apostamos por la calidad, solo nos queda reírnos en las intevenciones del jurado. En las valoraciones después de cada actuación y en las votaciones. Not anymore.

Los cambios en la mecánica en busca de unas votaciones más justas no han pasado solo por prescindir de Mónica Naranjo. También han pasado por un nuevo sistema según el cual se promedia los votos de jurado, concursantes y público en plató. Muy bonito en la teoría, pero un auténtico caos en la práctica.

Ahora el jurado ya no da sus puntos (y explicaciones) uno a uno. Pulsan un botoncito en un mando y los votos se conocen todos a la vez. No hay la emoción (ni el reconocimiento) de quién se llevará el 12. Tampoco de quién llevará el cuatro. Por no haber, tampoco hay grandes razonamientos de por qué una nota y no otra. Es muy ágil, lo admito, pero no tiene emoción y, sobre todo, no tiene comedia. Antes te hartabas a reír entre tanto número. Ahora, ni una sonrisa. Y no parece un problema del primer programa. El margen de maniobra es muy pequeño.

Lo que estaba siendo una gala de primerísimo nivel, de pronto sufre un bajón en su recta final. De ahí mi pregunta. ¿Qué necesidad había de tocar nada? Ninguna. El nuevo sistema de votaciones sigue permitiendo la vieja mecánica de dar los puntos. Porque sí, los cambios no se han detenido ahí.

Para hacer el concurso más justo y, entiendo, más competitivo, han decidido que los votos del jurado y concursantes se reduzcan a una única puntuación, del 4 al 12 en función de cómo queden en la clasificación. Lo mismo se hace con los votos del público en plató para, después, sumarlos de forma que el ganador de la noche no pueda sumar nunca más de 24 puntos (ni el perdedor menos de 8). ¿Qué significa esto? La clasificación va a estar más viva que nunca, con menos distancia entre los concursantes aunque hayan pasado muchas galas pero, por otra parte, va a haber poca mano en quién gana cada gala.

No debemos olvidar que, aunque Tu cara me suena sea una competición, su premio es benéfico. Por eso, aunque los responsables del formato hayan decidido que era mejor acabar con ello, una de las cosas que más me gustó siempre del programa era que todos iban a ganar al menos una gala. Cada concursante tendría su minutito de gloria. Y ya después, llegaba la competición en la recta final. Si no, mirad qué aburrimiento habría sido ver a Roko ganar semana tras semana. Ahora, esto es más bien improbable. Habrá concursantes cuya ONG se irá de vacío y a mí, me da pena. Pero, respecto a show, seguramente funcione.


Tenemos al elenco de concursantes con más talento de la historia del programa, un jurado competente, una mecánica que favorece la competición y una noche de viernes en la que no me importa trasnochar para ver el programa hasta el final. ¿Qué más se puede pedir? Pues, tal vez, algo más de comedia.

¿Jack el Destripador? ¡La televisión!

Imagina que bajas al quiosco de la esquina a comprar la Interviú (porque eres muy fan de sus reportajes de investigación) y el quiosquero te dice que vuelvas más tarde, que hasta las ocho, la Interviú no se vende. Así que te marchas a casa. Y cuál es tu sorpresa cuando, a dos calles de tu portal, ves a tu pareja besándose con otro. Besos castos, eso sí, que es pleno día. Lo que es evidente es que te está poniendo los cuernos, así que te encaras con ellos. ¡Inconsciente! Las infidelidades se discuten a partir de las ocho de la tarde. Así que, salvo que estés dispuesto a darle un final feliz a la situación, mejor no digas nada. Te vas a casa enfadado y cierras la puerta de un portazo. ¡Animal! Te va a denunciar la vecina de abajo. ¿Por ruidoso? No, por violento. Los portazos, también a partir de las ocho de la tarde. ¿Y a qué se debe semejante absurdo? Pues porque antes de las ocho de la tarde pueden verte niños.

No sé si los ejemplos son muy buenos, pero entenderás que son una forma de poner en perspectiva esa ley que rige los contenidos televisivos para proteger a la infancia. Las televisiones generalistas simplemente no pueden emitir violencia, sexo, desnudos, conflictos emocionales... Para proteger a los niños. Pero... ¿protegerlos de qué?

Hay que proteger a los niños de la propia televisión. Porque la televisión es mala. Muy mala. El origen de todos nuestros males. ¿Por qué te saltaste aquel semáforo? ¡La televisión! ¿Por qué atracaron la tienda de la esquina? ¡La televisión! ¿Hambre en el mundo? ¡La televisión! ¿Jack el Destripador? ¡La televisión!

Vale, la televisión no es la mala.

Hay que proteger a los niños de ciertos contenidos. Porque no vaya a ser que un niño vea una teta y a ver cómo le explicas que es algo natural, que todos tenemos tetas, que son parte de nuestro cuerpo. Faenón. Fuera bromas. A ver si va a ver un episodio violento y va a matar a sus padres y a toda su familia. ¿Jack el Destripador? ¡La televisión!

No. Creo que tampoco los contenidos son los malos.

¿Que un niño bebe lejía? ¡Prohibamos la lejía! O no, mejor. ¡Multemos al señor Don Limpio! Qué digo multémoslo, ¡quemémoslo! ¡Que arda en el infierno en la tierra! ¿Dónde está Jack el Destripador cuando se le necesita? Tamaño absurdo hemos alcanzado

De lo que hay que proteger a los niños es de los padres incompetentes. Que entiendo que las cadenas operen bajo una licencia pública, pero no creo que eso convierta en obligación del señor Paolo Vasile el ir a cambiar los pañales de tu bebé y convencer a tu hijo adolescente de que debe comer coliflor.

Las cadenas no son responsables de lo que ven los niños. Los padres, sí. ¿Que hay contenidos que es mejor que un niño no vea? Personalmente creo que a su debida edad y con su debida explicación, un niño puede ver todo, pero acepto que un padre no quiera que vea nada. Perfecto. Pero que tenga que ser el gobierno el que legisle para decirle a las televisiones lo que pueden mostrar a tu hijo me resulta una forma muy retorcida de educar. ¿No sería mucho más fácil usar el mando a distancia? Cambiar de canal... ¡o incluso apagar la televisión! Porque, queridos padres, siento ser yo quien os descubra que la televisión no es una niñera. Lo siento.

A mí la ley me parece absurda. Pero claro, no puedo negar que el número de padres irresponsables crece a pasos agigantados. Lo veo en la calle en mi día a día. Si los padres no educan a sus hijos, ¡que lo hagan las leyes!

La ley es absurda, sí, pero mantengámosla porque... ¡es útil!

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Perdona, eso le he escrito mientras me partía de la risa sobre el teclado.

La ley protege los contenidos antes de las ocho de la tarde. ¿Cuántos niños conoces que se vayan a la cama a esa hora? ¿Y a las nueve? ¿Tal vez a las 10? No creo que muchos. Seguramente la inmensa mayoría se acuestan a partir de esa hora tras ver al menos dos horas de televisión "no protegida". Porque, en invierno, precisamente a esas horas es cuando no hay otra cosa que hacer. O sí.

Sé lo que estás pensando, con este debate que da tanta importancia a la televisión se me había olvidado que hay vida más allá del televisor. Y ya no me refiero mundo real, en donde no creo que exista un solo niño que no haya visto a sus padres cruzar un semáforo en rojo. Y de ahí para arriba. Pon que este niño vive en un pueblo ideal, la villa de los Pitufos, pero con personas humanas. ¿Qué otra cosa puede hacer este niño si no se sienta a ver la televisión? ¡Mecachis! ¡Recórcholis! ¡No se me ocurre nada! Bufffff... ni idea, oye. ¿Internet?

Según la teoría de los seis grados, todos los humanos estamos conectados por seis personas. Yo te presento la teoría de los tres clicks, que son los que te separan de una publicidad porno. Y probablemente los dos primeros clicks sean para abrir el navegador.

Quien dice porno, dice violencia, conflictos y contenidos mucho más duros de los que jamás emitirán gustosas Antena 3 o Telecinco. Y lo peor de todo es que las cadenas solo están en ese aparato llamado televisor que se encuentra en el salón de nuestra casa. Internet está en todas partes: ordenador, móvil, televisor... En cualquier momento.

Educar a los niños a través de leyes me parece absurdo. La protección infantil no debería tener horario. Debería ser las veinticuatro horas del día. Pero deberían ejercerla los padres. Sería lo lógico y lo justo. Mal vamos si damos la batalla por perdida e intentamos educar por ellos. Porque así, lo normal sería también prohibir por ley que los niños tengan teléfono móvil. O que lo tengan antes de las ocho de la tarde. Por la noche da igual, que nunca ocurre nada salvo... ¿Jack el Destripador?

Los derechos en internet

En las últimas semanas te he contado cómo llegan a España las series de EEUU y que empieza a haber alternativas al dominio de las majors americanas. Pero a ti como espectador esto te da igual. Tú lo que quieres es verlas. Incluso vas más allá. Quieres verlas cuando tú quieras y no necesariamente cuando la cadena la programe.

Es indudable que el consumo de series en internet es imparable y las cadenas y productores son perfectamente conscientes de ello. Es por eso que, cuando una cadena compra una serie, ya no basta con adquirir los derechos de emisión. Ahora es necesario también negociar los derechos para internet, para que tu emisión online no se vaya a negro y tu página web se quede coja.  Las cadenas deben negociar dos derechos: el simulcast y el catch up.

El simulcast, el derecho a emitir por internet la señal en directo, es el derecho más básico de todos y, aún así, hay quien se resiste. Por ejemplo, los productores de 'Los Simpsons' se niegan a venderlo. Por eso la emisión de Antena 3 en internet se vaya a negro cuando empiezan los capítulos.

Muy pegado a esto va el catch up on demand, el derecho a colgar la serie en tu web para que cualquiera pueda verla después de su emisión en la cadena.

Sencillo, ¿no? Nada más lejos de la realidad. Partiendo de que la cadena ha comprado el derecho de catch up de una serie, tiene que empezar a negociar otro elemento básico: el tiempo de emisión online, cuánto tiempo estará cada capítulo en la web a disposición de todo el mundo.

¿Hemos acabado? Ni de lejos. Habiendo marcado fechas, queda todo un torrente de matices que es necesario acordar. Por ejemplo, la disponibilidad de la versión orginal y la posibilidad de subtítulos. Sí, son derechos que se compran a mayores (y que muchos productores quieren reservarse como valor añadido para el DVD, por lo que no los venden).

También se negocia la publicidad, que la cadena pueda colocar o no anuncios en el vídeo en internet e incluso existe un modelo de negocio en el que se hace un reparto de ingresos por publicidad entre la cadena y el estudio (Fox y Disney lo hacen con cierta frecuencia).

Hay productores que incluso prohiben que sus capítulos se puedan "embeber", por lo que la cadena también tiene que negociar para que los vídeos puedan colgarse en webs de terceros (aunque estén alojados en la suya). Incluso es necesario negociar en qué soportes se va a poder ver: ordenador, móvil, tableta...

Y todo esto con una serie de exigencias técnicas de seguridad para evitar el pirateo y para garantizar que se cumplan protocolos de compatibilidad entre dispositivos y contenidos.

Todo esto para traer una serie extrajera a nuestro país y poder colgarla en internet. Pero hay más. Y es que hasta ahora te he obviado uno de los derechos más básicos (tanto, que cae de cajón): la geolocalización. Cuando una cadena compra una serie, la compra para su territorio. Obvio. Por lo tanto, solo puede estar accesible en internet para ese territorio. Lo más sorprendente es que esto también se aplica a formatos de entretenimiento.

Cuando una cadena compra un formato extranjero para adaptarlo a España en ocasiones también se enfrenta a estas restricciones de geolocalización. Por ejemplo, 'La Voz' de España solo se puede ver desde nuestro país y nosotros no podemos ver versiones de este programa en otros países (a través de cauces legales, claro).

Coincidirás conmigo en que la negociación de los derechos es un verdadero lío, pero es también algo fundamental para que las series lleguen a nosotros cuando queremos y como queremos. Somos usuarios del siglo XXI y exigimos servicios del s. XXI.

Las majors siempre ganan... hasta ahora.


En los últimos años te habrás dado cuenta que hemos vivido un auge de las ficciones seriadas.  La sociedad dejó de considerar a la televisión como la hermana pequeña del cine y empezó a extenderse la idea generalizada de que la pequeña pantalla tiene ya igual o más calidad que la grande. Empezó la edad dorada de las series.
 

Tener buenas series era fundamental para las cadenas. También para las españolas. Y aquí las majors tenían la sartén por el mango en un claro oligopolio. Ya te he contado de dónde vienen las series americanas.

Las series vendían y empezaba a ser necesario no solo tener en tu parrilla esa serie que lo va a petar sino que, sobre todo, que no la tenga tu competencia. Por ello, desde España se firmaban acuerdos como el que Mediaset tenía con Fox. Según este acuerdo, Mediaset tenía prioridad a la hora de comprar nuevas series privándoselas, entre otros, a Atresmedia. Esa era la parte positiva. A cambio de este privilegio, Mediaset se comprometía a comprar un mínimo de tres series. Ni más ni menos.

En un mercado en auge y con buenos productos, el pacto sonaba bien. Pero la realidad dictó otras circunstancias. Siguiendo con el mismo ejemplo, ocurrió que ninguna de las series de Fox convencía a Mediaset. Problemón.

Esto obligó a renegociar este tipo de acuerdos, intentado bajar el número de series que había que comprar, y potenció la picaresca, apostando las cadenas por comprar series que creían que serían canceladas muy pronto, estando así obligados a comprar solo unos pocos capítulos. Quizás por eso en los últimos tiempos hemos leído como los grupos españoles compraban series que nunca han llegado a la parrilla o que lo han hecho de muy mala forma. La explicación es tan sencilla como lo que te acabo de contar.

En cualquier caso, este tipo de acuerdos que daban tanto poder a las majors han dejado de ser una buena idea. ¿Por qué?

Los grandes estudios, en realidad, no producen. Lo que tienen son acuerdos con pequeños productores y un gran músculo financiero y de distribución que hacía prácticamente imposible saltárselos... hasta ahora.

Hará unos dos años que el mercado de las series se revolucionó por algo tan sencillo como la tecnología. Ya no hace falta tanto para producir en alta calidad y en un mundo donde todos estamos conectados, ya no es difícil distribuír algo verdaderamente bueno. Así, han surgido operadores europeos y americanos independientes que han entrado al juego poniendo en el mercado series de calidad, saltándose así el hasta ahora dominio indiscutible de los grandes estudios.


Quizás no te suene Gaumont, un estudio independiente afincado en Los Ángeles, pero probablemente sí te suene 'Hannibal', la serie de NBC que fue una de las mayores sorpresas de hace dos temporadas. Una joya que sin duda te recomiendo. Esta serie ha llegado no solo a la televisión estadounidense, sino a muchos otros países. Un éxito que se ha saltado por completo el oligopolio de las majors. Y Gaumont no está solo. Televisa sigue el camino y Tandem ('Los pilares de la tierra', 'Crossing lines') ya están ello. Y como ellos, muchos otros.

Pero la ecuación no es tan sencilla. Está ya complicándose más con la entrada en juego de operadores como Netflix que encargan series a productoras independientes aflojando la billetera como nunca antes habrás visto. Y no hablo de EEUU. Recientemente, Netflix ha aterrizado en Francia y lo ha hecho con una clara apuesta por la ficción nacional con la adaptación francesa de 'House of cards'. Pues bien, se están gastando unos dos millones de euros por capítulos. Ni más ni menos.

Hasta ahora, siempre ganaban las majors. Ahora, el pastel ha comenzado a repartirse y con talento y oportunidad, cualquiera puede convertirse en el David que derribe a los gigantes.

Poli bueno, poli malo

Las series de policías son un clásico de la televisión. En Estados Unidos no se entiende una temporada sin varios procedimentales centrados en casos de investigación dentro de los cuerpos de seguridad.  Policías más alegres o más tristes, casi todos torturados por alguna experiencia personal y prácticamente todos profesionales ejemplares. Los pocos que se escapan a esta última categoría son aquellos que se toman la justicia por su mano, que adaptan la ley a su modo de entender la vida, como en 'Person of interest', pero siempre es por un bien mayor. Lo que nunca se pone en duda es la necesidad y bondad de los cuerpos de seguridad de los Estados Unidos.


España está pasando por tiempos difíciles. Falta trabajo, falta dinero y sobra descontento. No hay semana que por un motivo u otro no veamos en la televisión enfrentamientos entre policía y manifestantes. Por momentos parece que los agentes de la ley se sitúan más del lado de políticos corruptos y élites económicas que del lado del pueblo que reclama lo que considera suyo.

El descontento y los enfrentamientos van ligados a una crítica que siempre ha estado ahí.  ¿Quién no ha escuchado chistes sobre Guardias Civiles? Incluso los sketches son frecuentes en televisión. Aquí con los policías hemos hecho hasta comedia. Y no hace falta ni siquiera irse al desmadre de 'Los hombres de Paco'. La agente Ortega de 'Gran Reserva' sabía cómo arrancar carcajadas poniendo en cintura a los Cortázar entre vendimias y asesinatos. Lo mismo hacía con su ironía el Detective Ayala en el 'Gran Hotel'.

Parece que no tenemos miedo a la autoridad. Como mínimo, nos reímos de (y con) ellos. Pero ¿hemos sido capaces de ir más allá? ¿Ha reflejado la ficción española la crítica de la sociedad? ¿Hemos visto en las series la corrupción policial que sí hemos visto en las noticias? ¿Son los policías de las series españolas ejemplares o echan mano de "el fin justifica los medios"? Y, sobre todo, según la ficción española, ¿es tan necesaria la policía como indudablemente la pintan las series estadounidenses?


Este es el planteamiento y punto de partida para el artículo "Poli bueno, poli malo" que he escrito para la revista Ocho Quince en el que buceo de lleno en la ficción reciente de nuestro país en busca de los distintos policías y agentes de la autoridad de las series españolas. 

Puedes leerlo (y descargarlo) aquí, en el enlace



De dónde vienen las series (americanas)

Qué fácil es ver series, ¿no? O, mejor dicho, qué fácil es acceder a ellas. Solo con pulsar un botón en el mando a distancia tendrás ante tus ojos las aventuras de tu protagonista neoyorquino favorito, por poner un ejemplo. Lo malo, que tienes que estar frente al televisor a la hora justa y precisa. Por eso cada vez es más común que veamos series en internet de forma legal (en las webs de las cadenas, Yomvi, Nubeox...) o, sobre todo, a/ilegal. Todo al alcance de un click.


Lo que rara vez nos paramos a pensar es en el viaje que tienen que hacer las series para que nosotros las tengamos a un click de distancia, ya sea en el ordenador en la televisión. Y es que, salvo para los visionados "piratas", el proceso es largo, duro y costoso.

Como hasta ahora el gran rey de las series era Estados Unidos, hoy voy a hablarte de cómo una serie americana llega a nosotros.

Todo empieza en verano/otoño. En estas fechas creadores y productores presentan a las cadenas estadounidenses entre 500 y 600 proyectos. Aquí, deben convencer con su labia, ya que solo unos 200 de ellos se convertirán en un piloto que comenzará a producirse en diciembre.

Con los pilotos en mano, se produce una nueva criba. En abril, se seleccionan los 25 o 30 pilotos que formarán parte de las nuevas parrillas en la siguiente temporada. Y aquí empieza la chicha

Probablemente conozcas los LA screenings, la semana en la que los mercados internacionales se sientan a ver todas las nuevas propuestas. Pero antes (y más importante) están los New York upfronts, en la primera semana de mayo. Aquí las cadenas presentan su parrilla a las marcas y anunciantes y es en este punto donde se cierra ya el 80% de la publicidad.

En la segunda semana de mayo es cuando se realizan los LA screenings que ya te he mencionado. Aquí las cadenas americanas intentan colocar sus productos a los compradores extranjeros para así acabar de financiar el coste de sus series. Y aquí es donde entra en juego la cadena española que nos va a poner el producto al alcance de un click.

En función de los pilotos que ven, las cadenas entran en negociaciones para adquirir las ficciones que más les encajan y al mejor precio posible. ¿Sencillo? Pues no. Antes hay otro obstáculo que sortear: los acuerdos firmados entre las cadenas españolas y las majors americanas, que otorgan a las primeras el privilegio de comprar antes que nadie a cambio de un mínimo de compras en un negocio en el que, como siempre, salen ganando las majors... Pero esa es harina de otro costal y mejor te lo cuento otro día.

El caso es que las cadenas españolas intentan comprar las mejores series de entre todo lo que les queda disponible tras los acuerdos previos y entonces llega la negociación de precios, sí, pero también de un sin fin de variables: cuándo se puede emitir, cuántas veces, por dónde, en dónde, para dónde tengo los derechos, con quién los comparto... Toda una locura de compromisos para que finalmente llegue a nosotros la serie... o no.

El proceso aún no ha terminado. La cadena española tiene los derechos de la serie, sí, pero falta que la emita y la ponga a nuestra disposición y esto no siempre es fácil. Aquí entra en juego el difícil arte de programar, elegir dónde me encaja esta serie y, sobre todo, decidir si me encaja. Y es que a veces los departamentos de adquisición de derechos no están en perfecta sincronía con los de programación y se compran productos que en realidad no encajan con la línea que está tomando el canal.

No debes olvidar que, al final, las cadenas de televisión son empresas que necesitan beneficios. Por eso hay series que se quedan guardadas en el cajón, porque emitirlas supone asumir unas pérdidas que no encajan con unos balances de cuentas anuales positivos.

Y es que, como le escuché decir hace poco a Paolo Vasile, el que compra el derecho de emisión de una serie también compra el derecho de no emitirla. Así, para que una serie llegue a nosotros, tienen que ganar su buen dinero las productoras, las majors y los canales. Ya ves, algo no muy sencillo.

Animaladas

Es pensar en mi infancia e, inevitablemente, me asaltan recuerdos ligados a la televisión. Recuerdo cómo los domingos de invierno, por la tarde, mi madre me mandaba a la ducha y yo me apuraba para volver a tiempo a delante de la tele para ver comenzar 'Waku waku', aquel programa de televisión española en el que cuatro famosos competían de una forma tremendamente sana por adivinar las curiosidades del comportamiento del mundo animal. Todo un clásico de la televisión que me sirve de ejemplo para plantearte que televisión y animales han ido siempre unidos.

Los programas con temática de animales han sido siempre una constancia. A 'Waku Waku' le siguieron divulgativos como 'Pelopicopata' o coaching como 'El encantador de perros' pero los bichitos también han estado presentes en otros programas en los que no eran los protagonistas.


Más allá de apariciones esporádicas en el 'Un, Dos, Tres', el recuerdo más antiguo que tengo es el de las ocas correteando por el plató de 'El gran juego de la oca'. En este programa de pruebas físicas era frecuente ver animales. De hecho, una de las pruebas era atravesar un túnel de serpientes y, yendo un paso más allá, comer un plato de espaguetis y lombrices (prueba por la que he vivido traumatizado desde entonces). En estos programas la presencia de animales era sobre todo testimonial, un toque de exotismo en el que el contacto con los humanos era muy reducido.

Los animales venden y eso lo tiene muy claro Pablo Motos. Por eso en 'El hormiguero', muy de vez en cuando, también hay animales. Aquí cumplen a función de generar tres sentimientos en el espectador: peligro, curiosidad o ternura. Así, unas veces lleva animales peligrosos y otras bichos extraños pero lo que mejor parece funcionarles es la vena sensiblera, por ejemplo, llevando al programa cachorros en edad de lactancia. Aunque el ejemplo más claro de esto es la sección que han estrenado esta temporada con Anna Simón al mando en la que cuentan la historia de perros abandonados y les buscan dueño. 'El hormiguero' apela siempre al corazón y extrema el cuidado de los animales, que siempre vemos en manos y bajo la supervisión de sus cuidadores.

Pero, por mucho éxito que tenga la nueva sección de 'El Hormiguero', e animal más famoso de la televisión española en estos momentos es una de las "concursantes" de 'Gran Hermano': la cabra Rubia.

Los realities no se han quedado atrás en la presencia de animales. 'Gran Hermano' ha jugado en varias ocasiones con la presencia en la casa tanto de animales de compañía como de animales de granja, una presencia que sí ha generado conflicto dentro de la casa y que ha puesto en duda el bienestar de estos animales. Quizás por ello en otros realities como 'La granja', los concursantes convivían con un experto que les indicaba cómo cuidar de los animales. Esta parece ser la clave para que el público no se alarme: garantizar que están bien atendidos.

Más difícil es el caso de Superiviventes, claro. Ahí los concursantes sí tienen que matar animales. Pero el programa va de sobrevivir y los animales son alimentos. Por ello, sin entrar a debates, el espectador ve justificada esta situación excepcional.

¿Y por qué te cuento todo esto? Pues porque ayer Cuatro estrenó 'Killer Karaoke', un programa en el que ocho anónimos van a intentar cantar mientras les hacen todo tipo de faenas. El objetivo es molestar al concursante lo máximo posible para que él lo pase mal y tú y yo nos riamos. No voy a entrar a valorar un programa que, de por sí, me parece flojo y voy a centrarme en el hecho de que 'Killer Karaoke' también utiliza animales.

En el programa de ayer pudimos ver serpientes, cangrejos, saltamontes, gusanos... Incluso una mofeta (¿o era un tejón?). Un montón de bichos al servicio de desquiciar al concursante. Pero ya nos lo habían avisado: iba a haber muchos animales, así que se hartaron de pregonar que ninguno de ellos sufrían daños y que estaban perfectamente cuidados. Pero, aún así, las críticas no se hicieron esperar. Y esta vez no solo llegaron por parte de acérrimos defensores de los animales. Yo mismo no me considero uno de ellos (ni de lejos) y lo que vi ayer no me gustó en absoluto.

Primero, considero necesario putualizar que eso de que los animales no sufrieron ningún daño es relativo. Yo me imagino a mí mismo metido en un cubo. De pronto, me tiran a un gran tanque de agua y me meten a una señora pataleando, braceando y gritando. Yo, lo que se dice bien, no estaría. Y supongo que una serpiente tampoco. Pero como no soy experto en reptiles, te hablaré de un caso mucho más concreto, el de una concursante que tuvo que meter lo piés en una urna llena de gusanos. Y por meter los piés me refiero a pisar. Es evidente que esos gusanos sí sufrieron daños.

Pero, dejando a un lado este detalle en el que no muchos repararon (se conoce que los gusanos son animales de segunda), creo que las críticas y el malestar que ha generado 'Killer Karaoke' vienen por otro motivo. Y es que si te paras a pensar, este programa tampoco ha inventado nada nuevo. Prácticamente todo lo que hemos visto aquí ya lo habíamos visto años atrás en 'Factor miedo'.

Si 'Killer Karaoke' molesta con sus pruebas con animales es porque resultan violentas. Sí se ve a mucha gente cuidando a los animales pero cuando se nos presentan, no da la sensación de que estén bien cuidados. Logran generar en el espectador, casi de forma inconsciente, un sentimiento completamente opuesto al que consigue 'El hormiguero'.

Dice el refrán que la mujer del César no solo debe ser honrada, sino también parecerlo y ahí es donde ha pecado 'Killer Karaoke'.

Y esto ya sin entrar a que se hace evidente que los animales son utilizados para diversión del programa y esto, lógicamente, genera rechazo. Y aquí ya te hablaría del 'Grand Prix' e inevitablemente acabaríamos en las corridas de toros... Pero eso queda mejor para otro día.

Casting de reality

¿Qué hacías el 23 de abril del año 2000? Tal vez, no como yo, fuiste uno de ese 36'5% de la audiencia televisiva que aquel día se sentó frente a Telecinco para ver cómo empezaba el primer 'Gran Hermano'.

 Mucho ha llovido ya en estos 14 años y medio de "telerrealidad" en España. A las 15 ediciones de 'Gran Hermano' en España (más ediciones VIPs y especiales) hay que sumarle ediciones de 'Supervivientes', 'El bus', 'El cortijo de 1907', 'El conquistador del mundo', 'Unanimous', 'Pekin Express', 'Curso del 63', 'El traidor', 'El marco', 'Fama','De patitas en la calle', 'Operación Triunfo', 'La casa de tu vida', 'Esta cocina es un infierno', 'Confianza ciega'... Bueno, creo que te haces una idea. Hemos visto ya muchos programas de este tipo y hemos conocido ya a muchos concursantes. Unos, con mayor fortuna y fama que otros pero, de cada formato (que haya triunfado) seguro que recordaremos un par de nombres.

¿A dónde voy con todo esto? Hoy quiero hablarte del arte de hacer un cásting para un reality.

Un buen casting es tan fundamental como lo son los personajes de una serie. Bueno, no. Un buen cásting es mucho más importante. Al fin y al cabo, tus personajes de ficción dirán y harán lo que tú les digas. Tus concursantes de reality tienen vida propia y si no los eliges bien, tu programa puede resultar todo un muermo.

No tienes que remontarte a muy lejos para ver cómo un cásting fallido puede hundirte y cómo acertar puede catapultarte al éxito. Sí, vamos a hablar de 'Gran Hermano'. La curiosidad nos puede a todos en la primera gala y el buen dato está casi asegurado, así que los problemas en 'Gran Hermano 15' llegaron en la segunda gala. El programa perdió prácticamente un cuarto de su audiencia ante la misma competencia. ¿Por qué? Pues porque parecía un capítulo de martes de telenovela: no pasaba nada. Los concursantes entraron en "modo happy" y todo era buen rollo. Hasta empezaba a surgir el amor, sí, pero todo era buen rollo. Todo era ¡aburrido!

Lo primero que aprende un estudiante de guión es que una historia debe tener conflicto y como buena historia que es, 'Gran Hermano' también depende de que este exista y por ello lo fomenta a base de pruebas. Pero esto no es suficiente. El conflicto tiene que nacer desde el minuto uno y para ello el cásting debe contar con una figura conflictiva, una persona que avive la convivencia con su simple manera de ser. Para que te quede claro, Aída Nízar. Esta persona no existía en el cásting original y el programa se hundió. Pero, tras 15 ediciones, poco podemos enseñarle a Telecinco. Rápidamente subsanó su error. Había que avivar la convivencia y entró a la casa la exnovia de uno de los concusantes. Justo el concursante que estaba viviendo una historia de amor. Como diría Toñi Moreno, ¿qué tenemos? Pues sí, conflicto desde el minuto uno y subidón de audiencia porque, ahora sí, el programa era interesante.

Pero claro, un cásting no se salva solo con una persona. Especialmente cuando la audiencia no duda en expulsarla a la primera de cambio. Porque ahí se va el conflicto y, aunque algo siempre queda, la convivencia vuelve a tender a la calma. Así que ahora tendremos que estar atentos a la próxima jugada del programa, que algún as en la manga tiene guardado fijo. ¿Entrará pronto alguien nuevo a la casa?

Dejo de elucubrar y vuelvo al tema de cómo hacer un buen cásting. Sigo con Mediaset, como reina del reality, y ahora me fijo en 'Supervivientes', que ya ha sido confirmado para 2015 y ya ha empezado su fase de cásting. ¿Ya? ¿Tan pronto? Sí. Al menos, se inician los contactos.


Al tratarse de un programa con personajes "famosos", 'Supervivientes' se encuentra con ciertos problemas y particularidades. Por ejemplo, a varios meses vista del estreno, el equipo de cásting se enfrenta a una dualidad. Por una parte, cuanto antes se cierre la participación del famoso, más barata saldrá al programa. Por otra parte, cuanto más se tarde (por muchas cláusulas de confidencialidad que se firmen) más improbable es que los famosos sepan quién van a ser sus compañeros antes de comenzar la aventura. Por eso, al final, el cásting de Supervivientes se cierra casi a última hora y siempre bajo la aprobación de un último y exhaustivo examen médico y psicológico que no solo busca que estén sanos sino que no sea probable que vayan a abandonar a las primeras de cambio (a pesar de las cláusulas de penalización por abandono). Teniendo esto en cuenta, el programa debe seleccionar a un número de concursantes que variará en función de la duración de la edición y lo hará siempre intentando centrarse en personajes relacionados con la cadena. Es decir, bien colaboradores o exconcursantes de programas de Mediaset, bien personas relacionadas con estos. ¿Por qué? Sinergia. Políticas de la casa. Así buscan que Mediaset se retroalimente y que unos programas generen interés por otros.

Sí, ahora me centro. ¿Cuáles son los perfiles fundamentales en un reality como 'Supervivientes'? Del primero ya hemos hablado: una persona (o dos) con carácter que avive la convivencia y que genere conflicto. El segundo es fundamental para llamar la atención de la audiencia: el reclamo, un personaje cuya participación genera gran expectación. Para mostrar espíritu de superación y dar cierto prestigio, el cásting debe incluir también alguna vieja gloria, ya sea de las artes o del deporte. Y junto a todos estos, algún famoso repescado, alguien que aporte un punto friki y estrafalario. Entonces solo nos falta añadir algunos rostros conectados con otros programas de la cadena... y sí, lo más evidente: juventud, belleza y descaro. No debemos olvidar que a los concursantes de 'Supervivientes' los vemos principalmente en bañador, por lo que en Mediaset consideran fundamental que también haya cuerpos bonitos en el programa.

Si pasas esta plantilla a las últimas ediciones del programa verás que encaja perfectamente. Es más, podemos hacer cábalas sobre quién estará en el próximo 'Supervivientes'. Pero no voy a hacerlo, sino que voy a ir un paso más allá en la "telerrealidad".

Desde hace unos años, el reality en televisión ya no es solo encierro. Ha pegado fuerte en otros géneros en donde el cásting es también fundamental. El caso más evidente es el de los dating. 'Granjero busca esposa' abrió la veda. 'Quién quiere casarse con mi hijo' asentó el género y 'Un príncipe para Corina' puso la guinda al pastel.

¿Qué clase de cásting hacen estos programa? Pues lo mismo que hemos visto ya: el que llame la atención y genere conflicto. Y para muestra, un botón. Fíjate en los perfiles de 'Supervivientes' y en los cinco solteros (y sus madres) del próximo 'Quién quiere casarse con mi hijo'.

Para empezar, un modelo de Vigo. Guapo, claro. Y como tiene que tener un punto, que su nombre sea falso y que le gusten las chicas... "que parezcan travestis".

Seguimos con una vieja gloria. Por ejemplo, una presentadora del informativo regional de TVE en Extremadura. Ella es la madre, claro. El hijo, friki. Investiga sobre cine de terror de serie Z. Cine cutre.

No hemos hablado aún de carácter, así que fijémonos en María Rosa. No calla ni bajo el agua. Y sí, también tiene su punto friki: es tarotisa. El hijo, lo de menos.

Falta alguien que llame bien la atención, así que cojamos a un joven empresario de Marbella. Le sobra dinero, sí, pero le falta estilo. Viste ropa llamativa, pajarita, coleta y tupé. Sí, todo junto. Para colmo, su hermano pequeño es una fotocopia (ropa y peinado incluidos). Lo ves y no lo olvidas.

Y como nos falta el soltero gay... ¿Qué es lo más extraño que le podemos poner al lado a la palabra "gay"? Venga, pongamos que el soltero gay es de derechas. Del Partido Popular. Como su madre, que además es concejala por ese partido. Carácter y, no te atreverás a negarlo, conflicto.

Un buen cásting es fundamental. Las normas está muy claras y, sin embargo, no siempre sale bien. Por eso, te he dicho al principio que hoy íbamos a hablar del arte de hacer un cásting para reality y no de la fórmula mágica porque, además de seguir las reglas, hay que acertar.