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Lo que podemos aprender de Luar

Si eres gallego, has visto 'Luar' alguna vez. No me entra en la cabeza otra posibilidad. Y si tienes alguna conexión con Galicia, como mínimo, conoces su existencia. Incluso si no se cumplen ninguno de los dos factores anteriores es posible que algún vídeo mítico de este longevo programa de Televisión de Galicia hayas visto, en youtube o en algún programa de zapping. De hecho, el mítico 'Sé lo que hicisteis' recogió alguno de los grandes momentos del programa. Pero, en cualquier caso, intentaré poner un poco en contexto qué es 'Luar' y qué significa para Galicia.

'Luar' es el buque insignia de TVG. Comandado por Xosé Ramón Gayoso, se trata de un espectáculo de variedades que lleva reinando en la noche de los viernes desde septiembre de 1992. Sí, veinticinco años en antena. ¿Cuántos programas conoces que duren o hayan durado tanto? 

Pero el mérito es todavía mayor si lo comparamos con otros referentes. ¿Te imaginas que 'Noche de fiesta' siguiese en emisión hoy en día? Lo intentaron no hace mucho con eso que llamaron 'La alfombra roja palace' y fue más que evidente que esa producto estaba más que desfasado. Y, sin embargo, 'Noche de fiesta' nace 7 años después que 'Luar'. Vamos, que el programa de la gallega debería ser televisión del pleistoceno... Pero no lo es.

Si eres gallego, tendrás esa idea. Y si no, pregúntale a cualquier gallego. Nadie ve 'Luar'. Como nadie veía 'Eurovisión' o nadie vota al PP. ¿Por qué? Porque nos hemos quedado con la idea de que es un programa rancio. Un programa que solo ven los viejos (que en cierta medida es cierto porque este es el público que conserva TVG) y del que hay que renegar.

Pues yo no comparto esta impresión.

Es cierto que 'Luar' tiene sus (grandes) sombras. No solo el control político de la televisión también afecta a programas de entretenimiento, resulta que, además, después de tantos años el programa ha enviciado todo lo que se mueve alrededor, generando un ecosistema propio que en ciertos aspectos es un tanto tóxico, sobre todo cuando hablamos de dinero. Y a esto hay que sumar un vergonzoso baile de presentadoras casi florero que van y vienen más por motivos de imagen o cuestiones laborales que por que lo demande el formato.

No sería difícil sacarle las cosquillas a 'Luar' (como a casi cualquier programa). Pero yo hoy me quiero centrar en lo que han hecho bien. O lo que han hecho muy bien. Porque si a nivel nacional supiesen aprender de este programa, quizás hoy 'Noche de fiesta' no solo seguiría vivo, sino que sería hasta interesante.

La clave está en echar la vista atrás. 'Luar' nació como un gran show musical. Uno que tuvo que empezar a grabarse en una discoteca porque en Galicia no había platós sin columnas de esas dimensiones. Cada noche de viernes pasaban por su escenario una decena de artistas nacionales e internacionales alternados con la música más local de Galicia. Aqui actuaba la Jurado, después venía Boney M, a continuación aparecía Paulina Rubio y el show lo cerraba Juan Pardo precedido por una banda de gaitas de algún pueblo de Galicia.

'Luar' tuvo siempre claro que en la variedad está el gusto y que el atractivo no está solo en lo de fuera, sino también en lo más local. La labor de divulgación y documentación de la cultura popular de Galicia que el programa hizo ya desde sus inicios es incalculablemente valiosa. Señoras y señores corrientes abandonaban por un día sus quehaceres ordinarios para subirse al escenario del programa con sus gaitas, panderetas y bailes para mostrar cómo se divertían antaño. Y aunque hoy en día quien más bebemos de esos vídeos somos todos los que nos dedicamos a reivindicar y revalorizar la cultura popular de Galicia, en aquel momento, lo que 'Luar' conseguía era una conexión perfecta con su público. Porque aquella señora que estaba sobre el escenario era igual que la señora que estaba en su casa viendo la televisión. Era una comunicación sin barreras, una conversación de tú a tú a través del televisor.

Pero 'Luar', con su presentador Gayoso a la cabeza, también supo ver pronto que en televisión el ridículo no existe. Y lo hicieron mucho antes de que lo revalorizaran en Sálvame. Gayoso sabía que, por ejemplo, subirse al escenario a bailar con los Village People era la mejor manera de mostrarse humano ante la audiencia. Por eso lo hacía y por eso conectaba tan bien con su público.

Y esta falta de miedo que tan poco abunda en televisión fue lo que ayudó a 'Luar' a seguir vivo. Cuando las audiencias empezaron a flaquear allá por su temporada 13, supieron ver que el programa tendría que renovarse o morir. Por eso la historia del programa es la de una evolución constante.


Lo que era un show musical, pronto introdujo entrevistas y gags de humor con actores a los que incluso han llegado a catapultar a una fama desmesurada. El propio Roberto Vilar, a quien Antena 3 acaba de cancelarle 'El programa de Rober', salió de los sketches de humor de Luar como en Estados Unidos muchos salen del 'Saturday Night Live'. 

Pero el programa no se quedó ahí y supo ver un filón en los concursos. Gayoso llamando por teléfono a una casa gallega elegida al azar para regalar dinero era uno de los hitos de la semana para mucha gente. Y cuando salió mal, para el país entero. Pero fueron más allá. ¿Que en TVE triunfa 'Operación triunfo'? Ellos crearon su propio concurso de cantantes dentro de 'Luar' que, en su primera edición tuvo como ganadora a la después eurovisiva Lucía Pérez. Después llegaron los concursos de danza tradicional, de canto coral, de chistes, de gaita, de pandereta... y así hasta Miss Vaca Galega, el concurso que elige cada año a la mejor vaca de Galicia. Tal y como lo oyes.


Los concursos propios de 'Luar' han sido una buena cantera para descubrir personajes a los que seguir recurriendo mucho tiempo después, pero el programa tampoco ha tenido reparos en abrazar personajes foráneos. Todo triunfito gallego sabe que en 'Luar' tendrá al menos una oportunidad. Pero no solo de la canción vive un show que ya no es puramente musical. 'Luar' también ha fichado a otros gallegos salidos, por ejemplo de 'Masterchef'. Así, empezaron intruduciendo secciones de cocina que ahora se han replicado con otras temáticas, algunas al más puro estilo 'El hormiguero'. Durante una temporada, incluso contaron con un graffitero que cada programa pintaba una gran pared del plató con un motivo relacionado con la temática de ese día.

El 'Luar' que nació hace 25 años poco tiene ya que ver con el 'Luar' que se emite cada viernes en TVG (y van ya 1137 emisiones) y, al mismo tiempo, tiene todo que ver. Ha sido el espíritu incorformista de su equipo y la falta de miedo al cambio de sus responsables lo que ha hecho que el programa haya evolucionado una y otra vez, innovando e inventando todo lo que han podido y, lo que no han podido inventar, lo han copiado. No, 'Sálvame' no es el único programa que sale de plató a los pasillos. 'Luar' también ha aprendido a hacerlo.

La televisión está viva y lo estático está condenado a quedarse atrás. 'Luar' es un claro ejemplo de cómo evolucionar y arriesgar en televisión es imprescindible y, si las cadenas nacionales aprendiesen de este modesto show de variedades autonómicas, seguramente se llevarían más alegrías que disgustos.

La (mala) buena prensa

Infinidad de veces habrás escuchado eso de que es bueno que hablen de ti, aunque sea mal. No sé si esto se puede aplicar a todo en la vida pero, en el mundo de la televisión y el audiovisual, tiende a ser bastante real.

Años lleva ya Telecinco viviendo de que hablen mal de ellos. De hecho, ahora que sus audiencias han bajado y que sus buques insignia de la indignación como Gran Hermano están pinchando, es también cuando menos estamos hablando de ellos porque parece que ya nada de lo que hagan puede impactarnos.

La Peste
En el mundo de los realities la mala prensa ayuda a atraer al público. En el mundo de las series... seguramente no. Las cadenas necesitan buenas críticas para que en una era en la que hay series como churros, el público nos decantemos por la suya y no por la de otros. Y eso lo han tenido muy claro en Movistar.

Movistar lleva desde el otoño pasado lanzando a razón de una serie al mes. Series en las que se ha gastado una cantidad ingente de dinero y que ahora quieren rentabilizar a lo grande. Pero eso Movistar se ha preocupado de cuidar mucho a la prensa (y/o la prensa ha cuidado mucho a Movistar). Desde fuera de ese círculo selecto de periodistas, críticos y bloggeros, no sé si compartirás conmigo la sensación de que parecía que ambas partes querían muy fuerte que sus series gustasen.

El resultado ha sido un bombardeo de buenas palabras hacia todo lo que estaba haciendo Movistar. La gran superproducción que era 'La peste' y lo divertida que es 'Vergüenza'. 'La zona' venía a reinventar el thriller y 'Félix' era la nueva 'Fargo'. Lo lees y Movistar parece el olimpo de las series. Después, las ves... y descubres que dejan qué desear. No solo Movistar no ha lanzado todavía ninguna serie redonda (cosa que creo que tampoco cabría esperar) sino que ha lanzado varias que han resultado fallidas. Pero de ellas también se hablaba bien.

Félix

El resultado es que, al final, uno sabe que ya no se puede fiar de lo que diga la prensa y la crítica. Parece que van a hablar bien de todo, sea como sea. Y si te fías, te vas a comer un truño.

Y así llega el día en que Movistar tiene que vendernos 'El día de mañana'. ¿Qué tiene la serie para vender? Pues no mucho, la verdad. No tiene un concepto espectacular ni un despliegue de producción tan alucinante como 'La Peste'. Los actores están brillantes pero Oriol Pla no es ni Bardem ni Mario Casas. Es, seguramente, menos conocido que Aura Garrido, quien tampoco tiene un especial poder de convocatoria del público de masas. La serie está basada en un libro, pero tampoco es 'La catedral del mar'. No sé tú, pero yo ni había oído hablar de él. ¿Qué podían vender de esta serie? Que es muy buena. Lo mejor que han hecho hasta ahora. Y así la han publicitado.

Pero claro, como la palabra de uno mismo no sirve de mucho, Movistar ha tenido que tirar de la palabra de la crítica para demostrar que 'El día de mañana' merece la pena. "Magnética", "La gran sorpresa" o "Brillantes" son algunos de los titulares que han destacado. La crítica parece unánime en la calidad de esta serie. Y aún así... parece que no acaba de triunfar. No se habla de ella. Yo incluso he tenido que insistir a amigos y colegas para que la vean.

¿Por qué? Porque la gente ya no se fía.

El Día de Mañana

La buena prensa es muy buena y es muy útil. Pero cuando solo tienes buena prensa, tienes también un problema. Sin críticas que señalen tus defectos, tus errores y tus series fallidas, al final todas las buenas palabras pierden su efecto y, como en el cuento de Pedro y el lobo, cuando realmente las necesites, no te servirán de mucho.

Movistar debería asumir y aceptar que no son perfectos y que cometen errores de los que pueden aprender. Si demuestran aceptación de la mala crítica, si animan a la prensa a juzgarlos con la misma bara de medir que se utiliza con, por ejemplo, Netflix, todos ganaremos. Movistar se llevará palos, sí. Sus peores series se llevarán una paliza. Pero las buenas, que también las hacen (y las harán) podrán encumbrarse y destacar todavía más.

El marrón de La Voz

Te habrás enterado, supongo. La noticia saltó hace unas semanas como una miniserie en tres episodios. El primero: Telecinco compra American Idol. El segundo: Telecinco se deshace de La Voz. El tercero: Antena 3 compra La Voz.

El talent musical más exitoso de los últimos años (al menos en lo que a audiencias se refiere) cambia de cadena en un movimiento que hace años sería una noticia monumental pero que, hoy en día, es algo a lo que nos hemos acostumbrado. Los programas ya pueden tener tantas vidas y oportunidades como cadenas. E incluso repetir, como Operación Triunfo.

Pero volvamos a La Voz. ¿Por qué lo compra Antena 3? Tiene lógica cuando un formato tan testado y que todavía no está quemado queda libre en un momento en el que la competencia cuenta con potentes bazas de talent musicales. Eso seguro que lo tienes claro. Pero no deja de ser una jugada arriesgada. ¿Y si es precisamente este cambio de cadena el que definitivamente quema el formato? El programa lleva ya 5 temporadas de adultos y 4 de niños en una cadena que tampoco se caracteriza demasiado por cuidar mucho al público de sus programas. Vamos, que La Voz llega a Atresmedia manoseadilla.  ¿Cómo van a reflotar esto? Aquí llega el marrón.

El gran reto de Antena 3 para La Voz es hacer que suene a fresco. Darle un nuevo aire al formato, manteniendo su esencia pero ofreciendo algo que no hayamos visto. Hacer que triunfe como si fuese un estreno, manteniendo a quienes lo veían y atrayendo a quienes lo dejaron o nunca lo vieron. Pero... ¿cómo? No sé tú, pero yo no tengo ni idea porque un formato como La Voz no deja mucho margen de maniobra.

La Voz es conocida como uno de los formatos más rígidos a la hora de una adaptación. Los creadores originales del programa permiten muy pocos cambios. Por eso el programa es tan parecido en todos los países. Por eso La Voz tiene lo que ningún otro talent (ni no talent) musical en España: música en directo. De mecánica a decorado. Hasta los más pequeños detalles de La Voz vienen marcados por el formato original y para hacer cambios ahí, Antena 3 y Boomerang tendrán que pelearse mucho con los holandeses.

Solo hay tres factores claves en los que Atresmedia sí tendrá (casi) plena libertad: concursantes, coaches y presentador. Pero... ¿serán suficiente novedad?

Los concursantes en La Voz, al final, son lo de menos. Esto no es OT. Esto va de que cuatro famosos se peleen por conseguir que su pupilo gane. Así que, con que canten bien, será suficiente. Sin duda ayudará que encuentren una voz tremendamente especial y algún look terriblemente sorprendente pero, después de tantas ediciones y tanta sobresaturación de concursos de cantantes, ¿es esto posible?

El peso recae entonces en los coaches. Necesitan cantantes con tirón y personalidad y que sean caras nuevas pero, a riesgo de repetirme, ¿es eso posible? La sobresaturación de concursos no solo afecta a los concursantes, también afecta a los posibles jurado. Hay ya pocos cantantes destacables que no hayan sido jurado de algún programa. Ya solo por la versión de adultos de La Voz han pasado diez. Encontrar a cuatro cantantes frescos y novedosos no será tarea fácil. Y esto lo puedes ver en el anuncio de los coaches de la versión infantil, que jugará sobre seguro quedándose con Bisbal, Rosario y Melendi. La clave podría estar en el extranjero. Personalidades como Paulina Rubio, que ya se rumorea con fuerza, podrían dotar de dinámicas novedosas al programa. Ahora bien, ¿es esto reclamo suficiente?

Pero los coaches no son solo personalidad. Si algo nos han demostrado OT o Tu cara me suena es que en el prime time televisivo tiene cabida todo tipo de música. Es más, incluso se agradecen. La Voz podría beneficiarse de ampliar más el espectro musical fichando coaches que no estén cortados por el mismo patrón y no apelen siempre a un mismo tipo de música.

Y nos queda el presentador. La sombra de Jesús Vázquez es alargada. Lo que hace bien, lo hace muy bien y en La Voz tenía una perfecta sincronía con el programa. Algo que Antena 3 necesita repetir. Pero Atresmedia viene arrastrando un fuerte problema de originalidad a la hora de encontrar presentadores. La norma parece dictar que los grandes formatos recaigan en Arturo Valls o Manel Fuentes, en función de si el programa es más o menos humorístico. Así que La Voz parece que le tocaría a Manel Fuentes. Porque hasta ahora nunca han confiado un gran prime time a ninguna de sus segundonas estrella: la polivalente Anna Simón y la solvente Cristina Pedroche. Tal vez sea con La Voz cuando les permitan pasar (por fin) a la primera división de presentadores. En cualquier caso, creo que cualquiera de estos cuatro nombres carece ya de la fuerza de atracción deseable para relanzar el programa. Aunque, eso sí, los cuatro son indudablemente marca de la casa, prueba irrefutable de que La Voz está ahora en Antena 3. Quizás esa sea su función, aunque esto hace que todo el peso recaiga en la elección de los coaches.

Esto es lo que cadena y productora pueden hacer dentro del programa pero, con el salto a Atresmedia, La Voz descubre un nuevo horizonte: youtube. Antena 3 hace ya años que supo ver youtube como un aliado, a pesar de que sus contenidos (salvo El Hormiguero) nunca han sido los más propensos a esta plataforma. Ahora, con La Voz, esto cambia. El formato tiene potencial de viralidad y ahí es donde Atresmedia puede y debe marcar la diferencia. Alimentando la conversación social y haciendo llegar las voces de esta edición más lejos que nunca, esta edición de La Voz sí puede llegar a lugares a los que desde Telecinco nunca pudo llegar.


Antena 3 no cuenta con demasiadas posibilidades para hacer suya La Voz y cada pequeña decisión que tome será clave en el éxito o fracaso de esta nueva edición. Y el marrón se completa si tenemos en cuenta el proceso de producción de La Voz, que graba a la vez la versión de adultos y la de niños (y presumiblemente la de seniros). Si la primera pincha, Antena 3 se tendrá que comer las otras dos ya grabadas.

A las 9 ediciones ya emitidas ahora habrá que sumar la edición estándar, la de niños y también la de seniors. Antes de que nos demos cuenta, habrá habido 12 ediciones y si Antena 3 no quiere que la muerte del éxito se asocie a su cadena, ya pueden ponerse a hacer un buen lavado de cara al programa. Renovar o morir.

5 (clásicos) sustitutos para Tu cara me suena


Hace ya cuatro años que Antena 3 encontró (yo creo que sin esperárselo) su gallina de los huevos de oro: Tu cara me suena. El gran espectáculo musical y humorístico que lleva ya 5 años cosechando buenos datos enfrentándose incluso a durísimos rivales. Su última proeza ha sido lograr que Antena 3 se apunte para sí la noche de los viernes que tanto tiempo llevaba siendo feudo de Telecinco.

Una tercera edición extremadamente alargada y la falta de humor en una edición con niños enfrentada directamente a Gran Hermano parecían haber debilitado el programa. Pero Antena 3 apostó por él más fuerte que nunca. Dio un lavado de imagen al programa y reunió su mejor elenco de participantes para volver a triunfar con más humor y más espectáculo. Y aunque no han podido evitar sucumbir a la tentación de volver alargar el programa con más galas de las necesarias (lo bueno, si breve, dos veces bueno), Tu cara me suena encara su recta final de la edición planteando la duda de quién será su sustituto.

Candidatos no faltan. Si te has dado un mínimo paseo por webs y blogs sobre televisión, habrás visto muchas propuestas y rumores. Quizás, el candidato más lógico sería '¡Eso lo hago yo!' el formato israelí que viene a ser un 'Tu cara me suena' de habilidades del que Antena 3 no solo tiene los derechos, sino que tiene incluso ya una edición grabada con anónimos. Pero lleva ya tantos meses en el cajón, que no sabría si pensar que lo están guardando para el mejor momento (al más puro estilo 'El tiempo entre costuras') o si el programa realmente no merece la pena.
 
En cualquier caso, el rumor más extendido es que podríamos encontrarnos con un 'Fama ¡a bailar!' reformulado, convertido en una gala semanal al más puro estilo del fracasado '¡A bailar!' con Mónica Naranjo.

Y puestos a rescatar programas, son muchos los que piden también la vuelta de Operación Triunfo para seguir llenando de música las noches de los viernes en una noche en la que ya lo intentó (sin éxito) 'El número 1'.

Yo no quiero ser menos y me apunto a la moda de hacer listas para proponer desde aquí 5 programas que podrían sustituir, con éxito, a 'Tu cara me suena'

1.- Imagínate que la decisión depende de mí. Pues lo tengo clarísimo. Ha llegado la hora de que regrese '¿Qué apostamos?', el clásico programa de retos de los noventa que era cita obligada con Ramón García todas las noches de viernes. Eso sí, tendría que ser una versión renovada, más ágil y sin ranciadas. Las nuevas tecnologías podrían mejorar mucho tanto la puesta en escena de las apuestas como la interactividad de los espectadores, que no sólo podríamos apostar sí o no, sino que podríamos contribuir (o no) a la apuesta final que determina quién se ducha. Por que sí, en este nuevo '¿Qué apostamos?' también tiene que haber ducha. Es más, debería haber dos, permitiéndonos a los espectadores votar vía app quién queremos que se moje, como antaño se hizo ya por teléfono. ¿En las duchas? Yo me imagino perfectamente a Anna Simón llevando las riendas del programa. No sentadita en el sofá de la Obregón, sino presentando las pruebas como lo hacía Ramón García. Y en el sofá, un buen moderador, un Frank Blanco, Luis Larrodera o similar

No tiene música, pero '¿Qué apostamos?' es espectáculo puro y duro, del que tan bien le funciona cada día a 'El Hormiguero'. Además, los famosos ya tienen su buen grado de experiencia a la hora de dar juego desde un sofá en el que las apuestas no se harían nada aburridas. Entre concursantes de 'Tu cara me suena', colaboradores de 'Zappeando' y presentadores varios, Antena 3 tiene una buena cantera de invitados de la que echar mano. Además, este programa tiene también el factor nostálgico. No creo que nadie que hubiese encendido la tele en los 90 no haya visto nunca nada de '¿Qué apostamos?'. Muchos han pedido ya su regreso y el hueco de 'Tu cara me suena' es su momento ideal.


2.- Aunque si nos ponemos a rescatar formatos míticos, la noche de los viernes también ha sido siempre un buen hogar para el 'Un, dos, tres'. Ya 'El hormiguero' hizo un amago de rescate durante una visita de Mayra Gómez Kemp. Fue un especial de prime time cutrillo, pero con buena audiencia. Es un programa que también juega con la nostalgia pero que, además, es entretenimiento en estado puro. Ágil ronda de preguntas donde todo el mundo puede participar, una imprescindible prueba física bien divertida y una subasta final llena de humor en la que Antena 3 puede echar mano de toda su galería de personajes y cómicos. Nadie mejor que Atresmedia para devolverle la vida a este clásico.

Quizás aquí el problema sería a quién entregarle la conducción. Manel Fuentes me parecería una opción ideal, pero por no repetir, habría que buscar a otro. Y no, no apostemos otra vez por las tonterías de Arturo Valls. El 'Un, dos, tres' tiene también ese componente de picardía con los concursantes que requiere cierta seriedad. Tal vez este fuese el regreso ideal para Paula Vázquez, en todos los sentidos. Aunque, si me dejan elegir a mí, el programa sería para Ana Morgade. Que Antena 3 piense bien el presentador pero, donde no debería equivocarse bajo ningún concepto, es en la elección de los personajes sustitutos de las Tacañonas. Para que el programa vuelva a funcionar, necesitan unos malos a la altura.


3.- Coincidirás conmigo en que vivimos en una época dorada del entretenimiento político. El humor y la sátira están a la orden del día y bien saben en La Sexta que la política funciona. Por eso, aunque estemos en Antena 3, creo que la noche de los viernes es ideal para 'La parodia nacional'. Música y humor para continuar la estela de 'Tu cara me suena'. Eso sí, en un programa no tan blanco.

Quién presente el esta nueva 'Parodia nacional', aquí, es lo de menos. Lo importante es tener un buen elenco de actores-cantantes que representen bien unas letras que, tal y como va el país, tendrán mucho que decir y de lo que reírse. Un formato que casi es más de La Sexta, pero que encaja perfectamente en Antena 3 aprovechando que en la noche de los viernes justamente no se habla de política en su "hermana pequeña".


4.- Pero si vamos a rescatar un programa de diversión musical, aquí también tiene su sitio 'Furor'. Famosos cantando en plan karaoke. Parece viejuno, pero es atemporal. Aquí, otra vez, Antena 3 puede echar mano de su cantera de talentos para lograr invitados que den muchísimo juego encabezados, esta vez sí, por un Arturo Valls que puede ser tan pícaro como lo era Caparrós pero que, además, le puede dar ese componente de vacile que tan bien le funcionaba en 'Me resbala'.

No, no me olvido de que Antena 3 ya lo intentó con 'Dando la nota' y fue un fracaso, pero es que yo propongo que lo actualicen en plan bien y no a lo loco. Muchos invitados, mucha canción, mucha prueba y toda la locura de Arturo Valls pero, sobre todo, que el programa tenga sentido. Si nos parece antiguo que los concursantes se dividan en chicos y chicas, démosle dinamismo y cambiemos el enfrentamiento en cada programa: jóvenes contra viejos, rubios contra morenos, humoristas contra cantantes... Solo pido que los equipos tengan sentido y no sean solo un grupo de famosos a los que les han puesto el mismo color. Y es que buena parte de la gracia de este programa es el tener motivos para ir con unos u otros, más allá de si me encanta la Pedroche o odio a Matías Prats. Sí, Matías Prats debería concursar algún día.


Y después de cuatro apuestas tan potentes, he tenido muchas dudas a la hora de elegir una quinta posibilidad. Me ha tentado mucho el 'Caiga Quien Caiga'. Es el momento ideal para este programa. Más aún, teniendo en Atresmedia a las dos estrellas de las dos épocas del formato: Manel Fuentes y el Gran Wyoming (más Arturo Valls). Podría tener mucho peso y ser genial, pero es un programa que se aleja ya mucho de lo que la audiencia ha encontrado en Tu cara me suena frente a Sálvame Deluxe.

5.- Así que he optado por un concurso. Y aunque podría ser divertido ver de nuevo insultar a los concursantes de 'El rival más débil', opto por la música y por un formato muy sencillo pero del que la audiencia guarda buen recuerdo. Hablo de 'Al pie de la letra'. Música y entretenimiento perfectamente aunados en forma de un concurso que, eso sí, tendría que modificar sus dinámicas para ocupar el larguísimo prime time de los viernes. Y es que, del mismo modo que hoy muchos nos reunimos frente al televisor para divertirnos rememorando artistas, podemos hacerlo con letras de canciones, algo de lo que, inevitablemente, todos sabemos. Un programa de esos de los que, sin darte cuenta, te quedas enganchado viéndolo canción tras canción. Un entretenimiento incluso más básico que el de 'Tu cara me suena'.


Ya lo decía Karina: "volver la vista atrás es bueno (a veces)". Y tal vez Antena 3 tenga en el pasado la clave al futuro de su prime time. O tal vez no. De lo que no tengo duda es de que, si quiere seguir triunfando, tendrá que volver a apostar fuerte.

Me he dado de baja en Netflix

Supongo que te habrás enterado. El pasado 18 de octubre Netflix aterrizó en España en lo que muchos imaginaban sería toda una revolución. Yo no sé si fue una revolución. Creo que no. Lo que sí sé es que muchos nos lanzamos cual buitres a ver qué había ahí dentro de esa caja llamada Netflix. Algunos, amparados por la suerte de gozar de los 6 meses gratuitos que regalaron a los periodistas y bloggers más top. Otros como yo simplemente animados por la curiosidad y la tranquilidad de ese primer mes gratuito que ofrecen a los nuevos usuarios.

Muchos tiraron de fuegos artificiales con la llegada de la plataforma. Yo fui más bien del grupo de los aguafiestas, encontrándole muchos problemas y defectos a un sistema que, un mes después, no ha logrado convencerme. Sí, me he dado de baja de Netflix y hoy quiero contarte por qué.

No abandono Netflix por falta de uso. Durante este mes le he dedicado muchas horas. Me he obligado a hacerlo para ver si el sistema me convencía... y no, no me convenció.

De entrada el catálogo. Dicen los grandes defensores de Netflix que el catálogo lo irán mejorando con el tiempo. Bueno, pues partamos de la base de que yo soy un usuario actual de Netflix. No soy la señora de la lejía que viene del futuro, así que lo que me interesa es que en este preciso instante Netflix tenga una variedad de contenidos que a mí me apetezca ver. ¿La tiene? No. Sí ha mejorado algo el catálogo durante este mes, pero no lo suficiente. Hay poco contenido interesante y el contenido interesante que hay... ¡ya lo he visto!


En series, he aprovechado para arrancar la cuarta temporada de 'Pretty Little Liars' y he visto también un documental sobre 'Sense 8'. Es cierto que sí han traído series que no se habían emitido en España, como 'Orphan Black' o algunas originales de Netflix pero, seamos realistas, estas también las hemos visto. ¡Esto es España! Netflix tiene el problema de que no va pegado a la emisión. No es ni bueno ni malo, simplemente no se ajusta a las costumbres que tenemos los seriéfilos de ver todo cuanto antes, mejor.

Así que el grueso de mi consumo en Netflix lo he dedicado al cine. En este mes he visto las 11 películas que más me han llamado la atención del catálogo. Algunas son musts que tenía pendientes, películas a las que tenía muchas ganas. Pero solo algunas. Al final he tenido que optar por el descarte y atreverme con absolutas desconocidas. Alguna muy buena. Otras, verdaderos truños. No solo he tenido que elegir entre pocas películas que no había visto ya, sino que he tenido que elegir entre películas malas.

Pero la guinda del pastel la encontré en el esperado y laureado sistema de recomendación de Netflix que conmigo no pudo equivocarse más. Y antes de que dudes de mí te diré que le puse ganas. Muchas. Puntué absolutamente todo lo que ya había visto del catálogo esperando que la plataforma me descubriese algo que me estaba perdiendo. Pues bien, no acertó ni una sola vez. Me recomendaba series que ya había visto y no me gustaban (como Daredevil), insistía en que volviese a ver 'Sense 8' o me recomendaba series de comedia que no me apetecían lo más mínimo. Y aunque yo no hacía más que ver películas, Netflix no llegó a recomendarme ni la primera. Vamos, que o a mí el algoritmo me tiene manía o algo falla en este asunto.

Menos mal que nos queda la navegación. Ahí Netflix no está de todo mal. Es intuitiva y sencillita. Pero tampoco me ha convencido. Está pensada para que Netflix tenga el control, para que él te diga qué debes ver, qué tienes a medias y qué has visto. En ningún momento te cede el control para que te deje marcar qué has visto ya (aunque no fuese en Netflix) ni qué te gustaría ver cuando, por ejemplo, haya más capítulos disponibles (problemas que ya le critiqué en su día a otras plataformas como Yomvi).

Pero la cosa se complica cuando decides tú buscar el contenido que deseas ver. Con un sistema de recomendación que falla estrepitosamente y con un catálogo tan limitado que hace que buscar por título sea un absurdo, lo que el cuerpo nos pide (y el sistema nos obliga) es sumergirse en las profundidades de la página para ver qué nos podemos encontrar ahí. El sistema es intuitivo, sí, pero también tedioso. Tiene filtros interesantes, pero se echan en falta algunos útiles (como poder ocultar lo ya visto). Buscar qué ver se convierte en un trabajo y esto no me invita a quedarme.


Con este panorama, comprenderás que me de de baja de Netflix. Pero no me doy por vencido con el mundo de la suscripción y el VOD. No. De hecho, me paso a la competencia. A mí lo que me gustaría tener es un Movistar series pero, por algún extraño motivo, este solo está disponible para sus suscriptores. Por ello, me conformaré con un Yomvi básico e intentaré exprimirlo al máximo durante los tres meses de suscripción que me han regalado (no Yomvi, sino mi banco, cosas de la vida).

Y en tres meses tendré que tomar una nueva decisión ¿seguiré en Yomvi? Tal vez entonces vuelva a Netflix. Quién sabe. Pero, por ahora, me voy. No está a la altura.

Tu cara me suena. ¡No toques! ¿Por qué tocas?

Hace ya una semana que volvía a nuestras pantallas el que, no sé para ti, pero para mí, es el show por excelencia de la televisión nacional: Tu cara me suena. Y parecía hacerlo por la puerta de atrás, en una noche de viernes moribunda para Antena 3, y con grandes cambios que me hacían dudar cuán en forma estaría el formato.

Las audiencias hablaron todo lo rápido que hablan las audiencias. Ya se vio en el propio twitter, donde #TCMS se mantuvo en lo más alto de los Trending Topics durante toda la noche lejos, muy lejos, de los siempre simpáticos hashtags propuestos desde Sálvame. El estreno de la cuarta temporada (quinta, si contamos la última edición con niños) fue un éxito rotundo. Aún en viernes, logró sentar frente al televisor cifras que serían un éxito cualquier otro día de la semana.

Lejos de volver por la puerta de atrás, Tu cara me suena volvió como el arma definitiva con la que hacer daño a Telecinco en la noche de los viernes: el humor. Antena 3 sabía que funcionaría porque ya lo había logrado en anteriores ocasiones. El único problema era el desgaste que acusaban rápido sus nuevas apuestas. Algunas, como el show de Manel Fuentes y Arturo Valls, ya ni llegaron a despegar. Tu cara me suena ofrecía todas las garantías. Si iba bien, ¡genial! Si salía mal... mejor darse el batacazo en una noche ya perdida que en una por perder.

Con esto vengo a contarte que, no por ir en viernes, Tu cara me suena venía menos fuerte. Se nos prometían cambios en el jurado, cambios en la mecánica y el mejor casting de su historia. No imaginábamos hasta qué punto iba a renovarse el programa.

Los cambios en el jurado eran necesarios. Marta Sánchez nunca encajó. Fue el mayor error que cometió jamás el programa y lo ha pagado con creces. Su presencia solo sirvió para que nos riésemos de ella. Pero ella nunca se prestó a la comedia como sí lo hicieron Los Chunguitos que, aunque te diré que nunca han sido santo de mi devoción, sí eran una prolífica fuente de carcajadas. Por ello, cuando Shaila Dúrcal viene a sustituir a la rubia del "Soy yo", soy yo el que no puede más que aplaudir. El mérito, sin duda, lo tiene más que nadie Marta Sánchez, pero Shaila ha demostrado tener la entereza  y la credibilidad necesarias para ejercer de jurado. Canta, domina el inglés y se ha animado también a imitar. No ha brillado, pero es normal. Es su primer plató y a Mónica Naranjo también le costó un tiempo desmelenarse y convertirse en el animal televisivo que ahora es.

El cambio de Mónica Naranjo era, más que necesario, inevitable. No es solo que la del Sobreviviré haya fichado por la competencia sino que habíamos llegado a un punto en el que la Naranjo hacía más daño que ayuda. Tu cara me suena la convirtió en un animal televisivo y ella se convirtió en un monstruo. Dentro de sus bromas, su simpatía, sus piques con Àngel LLàcer... Dentro de todo esto, Mónica Naranjo era la voz de la cordura, de la responsabilidad y de la credibilidad. En un show donde reina el cachondeo, ella era un poco la figura de la justicia. O, más que era, lo fue en su día. Llegó el día en el que las votaciones más cavales eran las del profesor bufón Llàcer y eso solo puede ser síntoma de que algo anda mal. Tu cara me suena debe ser un concurso divertido y de competencia sana, pero un concurso justo, al fin y al cabo.

Es Lolita quien viene a ocupar con acierto el lugar de la Naranjo. Trae la experiencia, las tablas, el desparpajo y su propio público (ideal para la noche de los viernes, por otra parte). Debo admitirte que no daba yo un duro por el fichaje de esta mujer, pero ha resultado saber prestarse a las gracias sin llegar a perder las formas y, sobre todo, ha sabido situarse como el contrapunto perfecto al omnipresente Ángel Llàcer. Mientras no se pervierta, el jurado funcionará.

Nos anunciaban el mejor casting de su historia y sospechábamos que íbamos a pasárnoslo muy bien con tanto humorista y figura ahí junta. Las risas han estado aseguradas pero, qué quieres que te diga, eso ha sido secundario. ¿Quién nos iba a decir a nosotros que, además de graciosos, lo iban a hacer tan bien? Yo me esperaba a Falete haciendo de los Chunguitos, a Vicky Larraz a la par que Ángela Carrasco y a Pablo Puyol superado como le pasó a Dani Diges. Pero no. En esta edición los concursantes no solo son divertidos, ¡también son muy buenos! Tu cara me suena ha conseguido sorprendernos con la calidad del show y eso, más que positivo, es de agradecer.

Los últimos cambios que le han metido al formato han llegado en la mecánica de la recta final, en las votaciones y en el pulsador. Pulsador que ya no es pulsador. Tu cara me suena ha optado por la palanca tan característica que tenía el formato en su adaptación estadounidense (Sing your face off) y estéticamente, funciona. No tiene la "tensión" del cuándo pulsará el concursante pero, asumiendo todos que el pulsador es falso, la palanca nos evitará los momentos incómodos de cuando el concursante se pone tonto o charlatán y no deja que el concurso avance.

Solo me queda hablar de los cambios de mecánica así que hasta aquí lo bueno. Ahora es cuando el cuerpo me pide citar a La que se avecina y gritar bien alto  "¡No toques! ¿Por qué tocas?".

Tu cara me suena es un gran show musical, pero es también comedia en estado puro. Yo si me siento edición tras edición delante de la tele a ver este programa es porque espero reírme. Y mucho. Pero claro, si nos tomamos en serio las actuaciones (no como el Rhyanna de Arturo Valls) y apostamos por la calidad, solo nos queda reírnos en las intevenciones del jurado. En las valoraciones después de cada actuación y en las votaciones. Not anymore.

Los cambios en la mecánica en busca de unas votaciones más justas no han pasado solo por prescindir de Mónica Naranjo. También han pasado por un nuevo sistema según el cual se promedia los votos de jurado, concursantes y público en plató. Muy bonito en la teoría, pero un auténtico caos en la práctica.

Ahora el jurado ya no da sus puntos (y explicaciones) uno a uno. Pulsan un botoncito en un mando y los votos se conocen todos a la vez. No hay la emoción (ni el reconocimiento) de quién se llevará el 12. Tampoco de quién llevará el cuatro. Por no haber, tampoco hay grandes razonamientos de por qué una nota y no otra. Es muy ágil, lo admito, pero no tiene emoción y, sobre todo, no tiene comedia. Antes te hartabas a reír entre tanto número. Ahora, ni una sonrisa. Y no parece un problema del primer programa. El margen de maniobra es muy pequeño.

Lo que estaba siendo una gala de primerísimo nivel, de pronto sufre un bajón en su recta final. De ahí mi pregunta. ¿Qué necesidad había de tocar nada? Ninguna. El nuevo sistema de votaciones sigue permitiendo la vieja mecánica de dar los puntos. Porque sí, los cambios no se han detenido ahí.

Para hacer el concurso más justo y, entiendo, más competitivo, han decidido que los votos del jurado y concursantes se reduzcan a una única puntuación, del 4 al 12 en función de cómo queden en la clasificación. Lo mismo se hace con los votos del público en plató para, después, sumarlos de forma que el ganador de la noche no pueda sumar nunca más de 24 puntos (ni el perdedor menos de 8). ¿Qué significa esto? La clasificación va a estar más viva que nunca, con menos distancia entre los concursantes aunque hayan pasado muchas galas pero, por otra parte, va a haber poca mano en quién gana cada gala.

No debemos olvidar que, aunque Tu cara me suena sea una competición, su premio es benéfico. Por eso, aunque los responsables del formato hayan decidido que era mejor acabar con ello, una de las cosas que más me gustó siempre del programa era que todos iban a ganar al menos una gala. Cada concursante tendría su minutito de gloria. Y ya después, llegaba la competición en la recta final. Si no, mirad qué aburrimiento habría sido ver a Roko ganar semana tras semana. Ahora, esto es más bien improbable. Habrá concursantes cuya ONG se irá de vacío y a mí, me da pena. Pero, respecto a show, seguramente funcione.


Tenemos al elenco de concursantes con más talento de la historia del programa, un jurado competente, una mecánica que favorece la competición y una noche de viernes en la que no me importa trasnochar para ver el programa hasta el final. ¿Qué más se puede pedir? Pues, tal vez, algo más de comedia.

¿Jack el Destripador? ¡La televisión!

Imagina que bajas al quiosco de la esquina a comprar la Interviú (porque eres muy fan de sus reportajes de investigación) y el quiosquero te dice que vuelvas más tarde, que hasta las ocho, la Interviú no se vende. Así que te marchas a casa. Y cuál es tu sorpresa cuando, a dos calles de tu portal, ves a tu pareja besándose con otro. Besos castos, eso sí, que es pleno día. Lo que es evidente es que te está poniendo los cuernos, así que te encaras con ellos. ¡Inconsciente! Las infidelidades se discuten a partir de las ocho de la tarde. Así que, salvo que estés dispuesto a darle un final feliz a la situación, mejor no digas nada. Te vas a casa enfadado y cierras la puerta de un portazo. ¡Animal! Te va a denunciar la vecina de abajo. ¿Por ruidoso? No, por violento. Los portazos, también a partir de las ocho de la tarde. ¿Y a qué se debe semejante absurdo? Pues porque antes de las ocho de la tarde pueden verte niños.

No sé si los ejemplos son muy buenos, pero entenderás que son una forma de poner en perspectiva esa ley que rige los contenidos televisivos para proteger a la infancia. Las televisiones generalistas simplemente no pueden emitir violencia, sexo, desnudos, conflictos emocionales... Para proteger a los niños. Pero... ¿protegerlos de qué?

Hay que proteger a los niños de la propia televisión. Porque la televisión es mala. Muy mala. El origen de todos nuestros males. ¿Por qué te saltaste aquel semáforo? ¡La televisión! ¿Por qué atracaron la tienda de la esquina? ¡La televisión! ¿Hambre en el mundo? ¡La televisión! ¿Jack el Destripador? ¡La televisión!

Vale, la televisión no es la mala.

Hay que proteger a los niños de ciertos contenidos. Porque no vaya a ser que un niño vea una teta y a ver cómo le explicas que es algo natural, que todos tenemos tetas, que son parte de nuestro cuerpo. Faenón. Fuera bromas. A ver si va a ver un episodio violento y va a matar a sus padres y a toda su familia. ¿Jack el Destripador? ¡La televisión!

No. Creo que tampoco los contenidos son los malos.

¿Que un niño bebe lejía? ¡Prohibamos la lejía! O no, mejor. ¡Multemos al señor Don Limpio! Qué digo multémoslo, ¡quemémoslo! ¡Que arda en el infierno en la tierra! ¿Dónde está Jack el Destripador cuando se le necesita? Tamaño absurdo hemos alcanzado

De lo que hay que proteger a los niños es de los padres incompetentes. Que entiendo que las cadenas operen bajo una licencia pública, pero no creo que eso convierta en obligación del señor Paolo Vasile el ir a cambiar los pañales de tu bebé y convencer a tu hijo adolescente de que debe comer coliflor.

Las cadenas no son responsables de lo que ven los niños. Los padres, sí. ¿Que hay contenidos que es mejor que un niño no vea? Personalmente creo que a su debida edad y con su debida explicación, un niño puede ver todo, pero acepto que un padre no quiera que vea nada. Perfecto. Pero que tenga que ser el gobierno el que legisle para decirle a las televisiones lo que pueden mostrar a tu hijo me resulta una forma muy retorcida de educar. ¿No sería mucho más fácil usar el mando a distancia? Cambiar de canal... ¡o incluso apagar la televisión! Porque, queridos padres, siento ser yo quien os descubra que la televisión no es una niñera. Lo siento.

A mí la ley me parece absurda. Pero claro, no puedo negar que el número de padres irresponsables crece a pasos agigantados. Lo veo en la calle en mi día a día. Si los padres no educan a sus hijos, ¡que lo hagan las leyes!

La ley es absurda, sí, pero mantengámosla porque... ¡es útil!

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Perdona, eso le he escrito mientras me partía de la risa sobre el teclado.

La ley protege los contenidos antes de las ocho de la tarde. ¿Cuántos niños conoces que se vayan a la cama a esa hora? ¿Y a las nueve? ¿Tal vez a las 10? No creo que muchos. Seguramente la inmensa mayoría se acuestan a partir de esa hora tras ver al menos dos horas de televisión "no protegida". Porque, en invierno, precisamente a esas horas es cuando no hay otra cosa que hacer. O sí.

Sé lo que estás pensando, con este debate que da tanta importancia a la televisión se me había olvidado que hay vida más allá del televisor. Y ya no me refiero mundo real, en donde no creo que exista un solo niño que no haya visto a sus padres cruzar un semáforo en rojo. Y de ahí para arriba. Pon que este niño vive en un pueblo ideal, la villa de los Pitufos, pero con personas humanas. ¿Qué otra cosa puede hacer este niño si no se sienta a ver la televisión? ¡Mecachis! ¡Recórcholis! ¡No se me ocurre nada! Bufffff... ni idea, oye. ¿Internet?

Según la teoría de los seis grados, todos los humanos estamos conectados por seis personas. Yo te presento la teoría de los tres clicks, que son los que te separan de una publicidad porno. Y probablemente los dos primeros clicks sean para abrir el navegador.

Quien dice porno, dice violencia, conflictos y contenidos mucho más duros de los que jamás emitirán gustosas Antena 3 o Telecinco. Y lo peor de todo es que las cadenas solo están en ese aparato llamado televisor que se encuentra en el salón de nuestra casa. Internet está en todas partes: ordenador, móvil, televisor... En cualquier momento.

Educar a los niños a través de leyes me parece absurdo. La protección infantil no debería tener horario. Debería ser las veinticuatro horas del día. Pero deberían ejercerla los padres. Sería lo lógico y lo justo. Mal vamos si damos la batalla por perdida e intentamos educar por ellos. Porque así, lo normal sería también prohibir por ley que los niños tengan teléfono móvil. O que lo tengan antes de las ocho de la tarde. Por la noche da igual, que nunca ocurre nada salvo... ¿Jack el Destripador?

Lo que podemos aprender de Luar

Si eres gallego, has visto 'Luar' alguna vez . No me entra en la cabeza otra posibilidad. Y si tienes alguna conexión con Galicia, ...