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La receta de Masterchef

Acostumbrados como estábamos en los últimos años a que los grandes éxitos de la televisión en nuestro país fuesen las series, en esta temporada los dos mayores puntos clave han sido dos concursos de prime time. Uno de ellos fue 'La voz', de dudosa factura pero de indiscutibles audiencias. El otro está siendo 'Masterchef'.


Empezó tímido en parrilla, fruto de una escasa publicidad y mermado por la falta de audiencia y confianza que lastra a la cadena pública en los últimos tiempos. Pero cuando la audiencia fue dándole la oportunidad, el programa empezó a ir más rodado y tanto concursantes como jurado han ido soltándose más, batiendo récords de audiencia semana tras semana. Y sigue subiendo.

España tiene buena tradición de programas gastronómicos. Seguro que tú has visto más de una receta de Arguiñano en tu vida, sin ir más lejos. Por eso un formato como este, testado internacionalmente, aquí también tenía que funcionar... si se hacía bien.

Como cualquier buen cocinero, en TVE han leído la receta y la han adaptado a su forma de ser y a sus comensales, tomando algunas muy buenas decisiones... y otras más que discutibles.

Para empezar con la parte más agria, te diré que Eva González no ya solo no me convence como presentadora para este programa, sino que incluso me sobra. 'Masterchef' no solo podría defenderse sin la figura del conductor, recayendo esta labor en los jueces, sino que creo que el trabajo de  Eva no es todo lo adecuado al formato que sería conveniente.


Y a esto hay que añadir el horror que me produce semana a semana encontrarme con que cada capítulo del programa dure sus noventa minutos, estirando como el chicle cada suceso para que cada prueba nos dure media hora. Esto no solo obliga a que el ritmo del programa sea más lento y cansino del ideal, sino a que las reposiciones sean prácticamente inviables. Con lo bien que se defendería con, si no menos, sesenta minutos. Pero la duración de los programas es un mal endémico de nuestra televisión y ahora no es el momento de tirar abajo el modelo. Mejor, sigamos con la receta.

A veces hay detalles en un plato que ni sobran ni aportan nada. Y en este sentido yo diría que el cambio de día de emisión no ha aportado mucho al formato. Hay quien cree que ha sido clave en la subida de audiencia. Yo, en cambio, creo que incluso ha podido jugar en su contra, restándose mucho público que puede compartir con 'Gran Hotel' y que no compartía con 'Con el culo al aire' o 'Hay una cosa que te quiero decir'. Sin embargo, este no es más que un análisis muy banal y, ya que la cosa les ha salido bien, no pondré más peros que la duda de si realmente era necesario el cambio de día de emisión.

Pero si lo malo es fácil de señalar, los grandes aciertos de la receta de 'Masterchef' tampoco se pueden negar.


Por un lado, está el jurado. En España a todo el mundo le gusta comer bien, pero eso no significa que tengamos la menor idea de quién es quién en el mundo de la cocina. Aquí nos dicen que estos tres señores son unos cracks y nos lo creemos. Así que lo importante es que conectemos con ellos como personas/personajes. Y ahí sí funcionan. Al principio chocaban, quizás por sosos, quizás por encorsetados. Quizás porque no podíamos relacionarlos con ningún referente. Es cierto que les ha costado soltarse, pero lo han logrado con su propio estilo dentro del panorama nacional. ¿Quién es el Risto de 'Masterchef'? Pues ninguno de ellos. Pepe es Pepe, Jordi es Jordi y Samantha... es.

Por suerte, no han caído en la tentación del directo y nos han dejado disfrutar de todas las ventajas que tiene un reality grabado. La duración ya he dicho que no juega a favor, pero sí lo hace que no haya público (sería absurdo, pero peores cosas se han visto) y que combinemos plató con exteriores, dando mucho aire y espacio al programa, haciéndolo mucho más agradable.

Y a todo esto hay que añadir que 'Masterchef' ha nacido sin vocación de ser otro programa para las abuelas que ven TVE, ya que ha nacido pegado a las redes sociales, siempre con su hashtag para twitter y hasta con aplicación propia. Aunque no podamos probarlos, todos podemos comentar.

Pero el gran triunfo de 'Masterchef', la guinda del pastel, la han puesto unos concursantes que conforman un casting mucho más perfecto, incluso, que el del primer 'Operación Triunfo'. No solo han seleccionado a concursantes con distintos puntos de vista sobre la cocina, desde la ama de casa que cocina para su marido al estudiante amante de la cocina de autor, pasando por el adolescente rey de los postres. Un amplio espectro en la cocina que produce que, aunque el espectador no pueda probar los platos, sí pueda valorar los distintos enfoques. Pero en 'Masterchef' los concursantes son también personajes. Tenemos distintas personalidades, más extrovertidos y más tímidos, pero cada uno con sus cosas, desde la loca de las alcachofas que es Maribel al gran villano al que conocemos por José David, pasando por la chulería de Cerezo, la fragilidad de Fabián y, teniendo hasta su propia Cenicienta: Juan Manuel. Mucha competividad, sí, pero con variedad y mucha gracia. Uno de los mayores aciertos de esta edición y también una de las mayores dificultades de la próxima.


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