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Las majors siempre ganan... hasta ahora.


En los últimos años te habrás dado cuenta que hemos vivido un auge de las ficciones seriadas.  La sociedad dejó de considerar a la televisión como la hermana pequeña del cine y empezó a extenderse la idea generalizada de que la pequeña pantalla tiene ya igual o más calidad que la grande. Empezó la edad dorada de las series.
 

Tener buenas series era fundamental para las cadenas. También para las españolas. Y aquí las majors tenían la sartén por el mango en un claro oligopolio. Ya te he contado de dónde vienen las series americanas.

Las series vendían y empezaba a ser necesario no solo tener en tu parrilla esa serie que lo va a petar sino que, sobre todo, que no la tenga tu competencia. Por ello, desde España se firmaban acuerdos como el que Mediaset tenía con Fox. Según este acuerdo, Mediaset tenía prioridad a la hora de comprar nuevas series privándoselas, entre otros, a Atresmedia. Esa era la parte positiva. A cambio de este privilegio, Mediaset se comprometía a comprar un mínimo de tres series. Ni más ni menos.

En un mercado en auge y con buenos productos, el pacto sonaba bien. Pero la realidad dictó otras circunstancias. Siguiendo con el mismo ejemplo, ocurrió que ninguna de las series de Fox convencía a Mediaset. Problemón.

Esto obligó a renegociar este tipo de acuerdos, intentado bajar el número de series que había que comprar, y potenció la picaresca, apostando las cadenas por comprar series que creían que serían canceladas muy pronto, estando así obligados a comprar solo unos pocos capítulos. Quizás por eso en los últimos tiempos hemos leído como los grupos españoles compraban series que nunca han llegado a la parrilla o que lo han hecho de muy mala forma. La explicación es tan sencilla como lo que te acabo de contar.

En cualquier caso, este tipo de acuerdos que daban tanto poder a las majors han dejado de ser una buena idea. ¿Por qué?

Los grandes estudios, en realidad, no producen. Lo que tienen son acuerdos con pequeños productores y un gran músculo financiero y de distribución que hacía prácticamente imposible saltárselos... hasta ahora.

Hará unos dos años que el mercado de las series se revolucionó por algo tan sencillo como la tecnología. Ya no hace falta tanto para producir en alta calidad y en un mundo donde todos estamos conectados, ya no es difícil distribuír algo verdaderamente bueno. Así, han surgido operadores europeos y americanos independientes que han entrado al juego poniendo en el mercado series de calidad, saltándose así el hasta ahora dominio indiscutible de los grandes estudios.


Quizás no te suene Gaumont, un estudio independiente afincado en Los Ángeles, pero probablemente sí te suene 'Hannibal', la serie de NBC que fue una de las mayores sorpresas de hace dos temporadas. Una joya que sin duda te recomiendo. Esta serie ha llegado no solo a la televisión estadounidense, sino a muchos otros países. Un éxito que se ha saltado por completo el oligopolio de las majors. Y Gaumont no está solo. Televisa sigue el camino y Tandem ('Los pilares de la tierra', 'Crossing lines') ya están ello. Y como ellos, muchos otros.

Pero la ecuación no es tan sencilla. Está ya complicándose más con la entrada en juego de operadores como Netflix que encargan series a productoras independientes aflojando la billetera como nunca antes habrás visto. Y no hablo de EEUU. Recientemente, Netflix ha aterrizado en Francia y lo ha hecho con una clara apuesta por la ficción nacional con la adaptación francesa de 'House of cards'. Pues bien, se están gastando unos dos millones de euros por capítulos. Ni más ni menos.

Hasta ahora, siempre ganaban las majors. Ahora, el pastel ha comenzado a repartirse y con talento y oportunidad, cualquiera puede convertirse en el David que derribe a los gigantes.

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