¿Jack el Destripador? ¡La televisión!
Imagina que bajas al quiosco de la esquina a comprar la Interviú (porque eres muy fan de sus reportajes de investigación) y el quiosquero te dice que vuelvas más tarde, que hasta las ocho, la Interviú no se vende. Así que te marchas a casa. Y cuál es tu sorpresa cuando, a dos calles de tu portal, ves a tu pareja besándose con otro. Besos castos, eso sí, que es pleno día. Lo que es evidente es que te está poniendo los cuernos, así que te encaras con ellos. ¡Inconsciente! Las infidelidades se discuten a partir de las ocho de la tarde. Así que, salvo que estés dispuesto a darle un final feliz a la situación, mejor no digas nada. Te vas a casa enfadado y cierras la puerta de un portazo. ¡Animal! Te va a denunciar la vecina de abajo. ¿Por ruidoso? No, por violento. Los portazos, también a partir de las ocho de la tarde. ¿Y a qué se debe semejante absurdo? Pues porque antes de las ocho de la tarde pueden verte niños.
No sé si los ejemplos son muy buenos, pero entenderás que son una forma de poner en perspectiva esa ley que rige los contenidos televisivos para proteger a la infancia. Las televisiones generalistas simplemente no pueden emitir violencia, sexo, desnudos, conflictos emocionales... Para proteger a los niños. Pero... ¿protegerlos de qué?
Hay que proteger a los niños de la propia televisión. Porque la televisión es mala. Muy mala. El origen de todos nuestros males. ¿Por qué te saltaste aquel semáforo? ¡La televisión! ¿Por qué atracaron la tienda de la esquina? ¡La televisión! ¿Hambre en el mundo? ¡La televisión! ¿Jack el Destripador? ¡La televisión!
Vale, la televisión no es la mala.
Hay que proteger a los niños de ciertos contenidos. Porque no vaya a ser que un niño vea una teta y a ver cómo le explicas que es algo natural, que todos tenemos tetas, que son parte de nuestro cuerpo. Faenón. Fuera bromas. A ver si va a ver un episodio violento y va a matar a sus padres y a toda su familia. ¿Jack el Destripador? ¡La televisión!
No. Creo que tampoco los contenidos son los malos.
¿Que un niño bebe lejía? ¡Prohibamos la lejía! O no, mejor. ¡Multemos al señor Don Limpio! Qué digo multémoslo, ¡quemémoslo! ¡Que arda en el infierno en la tierra! ¿Dónde está Jack el Destripador cuando se le necesita? Tamaño absurdo hemos alcanzado
De lo que hay que proteger a los niños es de los padres incompetentes. Que entiendo que las cadenas operen bajo una licencia pública, pero no creo que eso convierta en obligación del señor Paolo Vasile el ir a cambiar los pañales de tu bebé y convencer a tu hijo adolescente de que debe comer coliflor.
Las cadenas no son responsables de lo que ven los niños. Los padres, sí. ¿Que hay contenidos que es mejor que un niño no vea? Personalmente creo que a su debida edad y con su debida explicación, un niño puede ver todo, pero acepto que un padre no quiera que vea nada. Perfecto. Pero que tenga que ser el gobierno el que legisle para decirle a las televisiones lo que pueden mostrar a tu hijo me resulta una forma muy retorcida de educar. ¿No sería mucho más fácil usar el mando a distancia? Cambiar de canal... ¡o incluso apagar la televisión! Porque, queridos padres, siento ser yo quien os descubra que la televisión no es una niñera. Lo siento.
A mí la ley me parece absurda. Pero claro, no puedo negar que el número de padres irresponsables crece a pasos agigantados. Lo veo en la calle en mi día a día. Si los padres no educan a sus hijos, ¡que lo hagan las leyes!
La ley es absurda, sí, pero mantengámosla porque... ¡es útil!
fsñlkfjnnagañlgas adfjajad ag
Perdona, eso le he escrito mientras me partía de la risa sobre el teclado.
La ley protege los contenidos antes de las ocho de la tarde. ¿Cuántos niños conoces que se vayan a la cama a esa hora? ¿Y a las nueve? ¿Tal vez a las 10? No creo que muchos. Seguramente la inmensa mayoría se acuestan a partir de esa hora tras ver al menos dos horas de televisión "no protegida". Porque, en invierno, precisamente a esas horas es cuando no hay otra cosa que hacer. O sí.
Sé lo que estás pensando, con este debate que da tanta importancia a la televisión se me había olvidado que hay vida más allá del televisor. Y ya no me refiero mundo real, en donde no creo que exista un solo niño que no haya visto a sus padres cruzar un semáforo en rojo. Y de ahí para arriba. Pon que este niño vive en un pueblo ideal, la villa de los Pitufos, pero con personas humanas. ¿Qué otra cosa puede hacer este niño si no se sienta a ver la televisión? ¡Mecachis! ¡Recórcholis! ¡No se me ocurre nada! Bufffff... ni idea, oye. ¿Internet?
Según la teoría de los seis grados, todos los humanos estamos conectados por seis personas. Yo te presento la teoría de los tres clicks, que son los que te separan de una publicidad porno. Y probablemente los dos primeros clicks sean para abrir el navegador.
Quien dice porno, dice violencia, conflictos y contenidos mucho más duros de los que jamás emitirán gustosas Antena 3 o Telecinco. Y lo peor de todo es que las cadenas solo están en ese aparato llamado televisor que se encuentra en el salón de nuestra casa. Internet está en todas partes: ordenador, móvil, televisor... En cualquier momento.
Educar a los niños a través de leyes me parece absurdo. La protección infantil no debería tener horario. Debería ser las veinticuatro horas del día. Pero deberían ejercerla los padres. Sería lo lógico y lo justo. Mal vamos si damos la batalla por perdida e intentamos educar por ellos. Porque así, lo normal sería también prohibir por ley que los niños tengan teléfono móvil. O que lo tengan antes de las ocho de la tarde. Por la noche da igual, que nunca ocurre nada salvo... ¿Jack el Destripador?
No sé si los ejemplos son muy buenos, pero entenderás que son una forma de poner en perspectiva esa ley que rige los contenidos televisivos para proteger a la infancia. Las televisiones generalistas simplemente no pueden emitir violencia, sexo, desnudos, conflictos emocionales... Para proteger a los niños. Pero... ¿protegerlos de qué?
Hay que proteger a los niños de la propia televisión. Porque la televisión es mala. Muy mala. El origen de todos nuestros males. ¿Por qué te saltaste aquel semáforo? ¡La televisión! ¿Por qué atracaron la tienda de la esquina? ¡La televisión! ¿Hambre en el mundo? ¡La televisión! ¿Jack el Destripador? ¡La televisión!
Vale, la televisión no es la mala.
Hay que proteger a los niños de ciertos contenidos. Porque no vaya a ser que un niño vea una teta y a ver cómo le explicas que es algo natural, que todos tenemos tetas, que son parte de nuestro cuerpo. Faenón. Fuera bromas. A ver si va a ver un episodio violento y va a matar a sus padres y a toda su familia. ¿Jack el Destripador? ¡La televisión!
No. Creo que tampoco los contenidos son los malos.
¿Que un niño bebe lejía? ¡Prohibamos la lejía! O no, mejor. ¡Multemos al señor Don Limpio! Qué digo multémoslo, ¡quemémoslo! ¡Que arda en el infierno en la tierra! ¿Dónde está Jack el Destripador cuando se le necesita? Tamaño absurdo hemos alcanzado
De lo que hay que proteger a los niños es de los padres incompetentes. Que entiendo que las cadenas operen bajo una licencia pública, pero no creo que eso convierta en obligación del señor Paolo Vasile el ir a cambiar los pañales de tu bebé y convencer a tu hijo adolescente de que debe comer coliflor.
Las cadenas no son responsables de lo que ven los niños. Los padres, sí. ¿Que hay contenidos que es mejor que un niño no vea? Personalmente creo que a su debida edad y con su debida explicación, un niño puede ver todo, pero acepto que un padre no quiera que vea nada. Perfecto. Pero que tenga que ser el gobierno el que legisle para decirle a las televisiones lo que pueden mostrar a tu hijo me resulta una forma muy retorcida de educar. ¿No sería mucho más fácil usar el mando a distancia? Cambiar de canal... ¡o incluso apagar la televisión! Porque, queridos padres, siento ser yo quien os descubra que la televisión no es una niñera. Lo siento.
A mí la ley me parece absurda. Pero claro, no puedo negar que el número de padres irresponsables crece a pasos agigantados. Lo veo en la calle en mi día a día. Si los padres no educan a sus hijos, ¡que lo hagan las leyes!
La ley es absurda, sí, pero mantengámosla porque... ¡es útil!
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Perdona, eso le he escrito mientras me partía de la risa sobre el teclado.
La ley protege los contenidos antes de las ocho de la tarde. ¿Cuántos niños conoces que se vayan a la cama a esa hora? ¿Y a las nueve? ¿Tal vez a las 10? No creo que muchos. Seguramente la inmensa mayoría se acuestan a partir de esa hora tras ver al menos dos horas de televisión "no protegida". Porque, en invierno, precisamente a esas horas es cuando no hay otra cosa que hacer. O sí.
Sé lo que estás pensando, con este debate que da tanta importancia a la televisión se me había olvidado que hay vida más allá del televisor. Y ya no me refiero mundo real, en donde no creo que exista un solo niño que no haya visto a sus padres cruzar un semáforo en rojo. Y de ahí para arriba. Pon que este niño vive en un pueblo ideal, la villa de los Pitufos, pero con personas humanas. ¿Qué otra cosa puede hacer este niño si no se sienta a ver la televisión? ¡Mecachis! ¡Recórcholis! ¡No se me ocurre nada! Bufffff... ni idea, oye. ¿Internet?
Según la teoría de los seis grados, todos los humanos estamos conectados por seis personas. Yo te presento la teoría de los tres clicks, que son los que te separan de una publicidad porno. Y probablemente los dos primeros clicks sean para abrir el navegador.
Quien dice porno, dice violencia, conflictos y contenidos mucho más duros de los que jamás emitirán gustosas Antena 3 o Telecinco. Y lo peor de todo es que las cadenas solo están en ese aparato llamado televisor que se encuentra en el salón de nuestra casa. Internet está en todas partes: ordenador, móvil, televisor... En cualquier momento.
Educar a los niños a través de leyes me parece absurdo. La protección infantil no debería tener horario. Debería ser las veinticuatro horas del día. Pero deberían ejercerla los padres. Sería lo lógico y lo justo. Mal vamos si damos la batalla por perdida e intentamos educar por ellos. Porque así, lo normal sería también prohibir por ley que los niños tengan teléfono móvil. O que lo tengan antes de las ocho de la tarde. Por la noche da igual, que nunca ocurre nada salvo... ¿Jack el Destripador?

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