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Tu cara me suena. ¡No toques! ¿Por qué tocas?

Hace ya una semana que volvía a nuestras pantallas el que, no sé para ti, pero para mí, es el show por excelencia de la televisión nacional: Tu cara me suena. Y parecía hacerlo por la puerta de atrás, en una noche de viernes moribunda para Antena 3, y con grandes cambios que me hacían dudar cuán en forma estaría el formato.

Las audiencias hablaron todo lo rápido que hablan las audiencias. Ya se vio en el propio twitter, donde #TCMS se mantuvo en lo más alto de los Trending Topics durante toda la noche lejos, muy lejos, de los siempre simpáticos hashtags propuestos desde Sálvame. El estreno de la cuarta temporada (quinta, si contamos la última edición con niños) fue un éxito rotundo. Aún en viernes, logró sentar frente al televisor cifras que serían un éxito cualquier otro día de la semana.

Lejos de volver por la puerta de atrás, Tu cara me suena volvió como el arma definitiva con la que hacer daño a Telecinco en la noche de los viernes: el humor. Antena 3 sabía que funcionaría porque ya lo había logrado en anteriores ocasiones. El único problema era el desgaste que acusaban rápido sus nuevas apuestas. Algunas, como el show de Manel Fuentes y Arturo Valls, ya ni llegaron a despegar. Tu cara me suena ofrecía todas las garantías. Si iba bien, ¡genial! Si salía mal... mejor darse el batacazo en una noche ya perdida que en una por perder.

Con esto vengo a contarte que, no por ir en viernes, Tu cara me suena venía menos fuerte. Se nos prometían cambios en el jurado, cambios en la mecánica y el mejor casting de su historia. No imaginábamos hasta qué punto iba a renovarse el programa.

Los cambios en el jurado eran necesarios. Marta Sánchez nunca encajó. Fue el mayor error que cometió jamás el programa y lo ha pagado con creces. Su presencia solo sirvió para que nos riésemos de ella. Pero ella nunca se prestó a la comedia como sí lo hicieron Los Chunguitos que, aunque te diré que nunca han sido santo de mi devoción, sí eran una prolífica fuente de carcajadas. Por ello, cuando Shaila Dúrcal viene a sustituir a la rubia del "Soy yo", soy yo el que no puede más que aplaudir. El mérito, sin duda, lo tiene más que nadie Marta Sánchez, pero Shaila ha demostrado tener la entereza  y la credibilidad necesarias para ejercer de jurado. Canta, domina el inglés y se ha animado también a imitar. No ha brillado, pero es normal. Es su primer plató y a Mónica Naranjo también le costó un tiempo desmelenarse y convertirse en el animal televisivo que ahora es.

El cambio de Mónica Naranjo era, más que necesario, inevitable. No es solo que la del Sobreviviré haya fichado por la competencia sino que habíamos llegado a un punto en el que la Naranjo hacía más daño que ayuda. Tu cara me suena la convirtió en un animal televisivo y ella se convirtió en un monstruo. Dentro de sus bromas, su simpatía, sus piques con Àngel LLàcer... Dentro de todo esto, Mónica Naranjo era la voz de la cordura, de la responsabilidad y de la credibilidad. En un show donde reina el cachondeo, ella era un poco la figura de la justicia. O, más que era, lo fue en su día. Llegó el día en el que las votaciones más cavales eran las del profesor bufón Llàcer y eso solo puede ser síntoma de que algo anda mal. Tu cara me suena debe ser un concurso divertido y de competencia sana, pero un concurso justo, al fin y al cabo.

Es Lolita quien viene a ocupar con acierto el lugar de la Naranjo. Trae la experiencia, las tablas, el desparpajo y su propio público (ideal para la noche de los viernes, por otra parte). Debo admitirte que no daba yo un duro por el fichaje de esta mujer, pero ha resultado saber prestarse a las gracias sin llegar a perder las formas y, sobre todo, ha sabido situarse como el contrapunto perfecto al omnipresente Ángel Llàcer. Mientras no se pervierta, el jurado funcionará.

Nos anunciaban el mejor casting de su historia y sospechábamos que íbamos a pasárnoslo muy bien con tanto humorista y figura ahí junta. Las risas han estado aseguradas pero, qué quieres que te diga, eso ha sido secundario. ¿Quién nos iba a decir a nosotros que, además de graciosos, lo iban a hacer tan bien? Yo me esperaba a Falete haciendo de los Chunguitos, a Vicky Larraz a la par que Ángela Carrasco y a Pablo Puyol superado como le pasó a Dani Diges. Pero no. En esta edición los concursantes no solo son divertidos, ¡también son muy buenos! Tu cara me suena ha conseguido sorprendernos con la calidad del show y eso, más que positivo, es de agradecer.

Los últimos cambios que le han metido al formato han llegado en la mecánica de la recta final, en las votaciones y en el pulsador. Pulsador que ya no es pulsador. Tu cara me suena ha optado por la palanca tan característica que tenía el formato en su adaptación estadounidense (Sing your face off) y estéticamente, funciona. No tiene la "tensión" del cuándo pulsará el concursante pero, asumiendo todos que el pulsador es falso, la palanca nos evitará los momentos incómodos de cuando el concursante se pone tonto o charlatán y no deja que el concurso avance.

Solo me queda hablar de los cambios de mecánica así que hasta aquí lo bueno. Ahora es cuando el cuerpo me pide citar a La que se avecina y gritar bien alto  "¡No toques! ¿Por qué tocas?".

Tu cara me suena es un gran show musical, pero es también comedia en estado puro. Yo si me siento edición tras edición delante de la tele a ver este programa es porque espero reírme. Y mucho. Pero claro, si nos tomamos en serio las actuaciones (no como el Rhyanna de Arturo Valls) y apostamos por la calidad, solo nos queda reírnos en las intevenciones del jurado. En las valoraciones después de cada actuación y en las votaciones. Not anymore.

Los cambios en la mecánica en busca de unas votaciones más justas no han pasado solo por prescindir de Mónica Naranjo. También han pasado por un nuevo sistema según el cual se promedia los votos de jurado, concursantes y público en plató. Muy bonito en la teoría, pero un auténtico caos en la práctica.

Ahora el jurado ya no da sus puntos (y explicaciones) uno a uno. Pulsan un botoncito en un mando y los votos se conocen todos a la vez. No hay la emoción (ni el reconocimiento) de quién se llevará el 12. Tampoco de quién llevará el cuatro. Por no haber, tampoco hay grandes razonamientos de por qué una nota y no otra. Es muy ágil, lo admito, pero no tiene emoción y, sobre todo, no tiene comedia. Antes te hartabas a reír entre tanto número. Ahora, ni una sonrisa. Y no parece un problema del primer programa. El margen de maniobra es muy pequeño.

Lo que estaba siendo una gala de primerísimo nivel, de pronto sufre un bajón en su recta final. De ahí mi pregunta. ¿Qué necesidad había de tocar nada? Ninguna. El nuevo sistema de votaciones sigue permitiendo la vieja mecánica de dar los puntos. Porque sí, los cambios no se han detenido ahí.

Para hacer el concurso más justo y, entiendo, más competitivo, han decidido que los votos del jurado y concursantes se reduzcan a una única puntuación, del 4 al 12 en función de cómo queden en la clasificación. Lo mismo se hace con los votos del público en plató para, después, sumarlos de forma que el ganador de la noche no pueda sumar nunca más de 24 puntos (ni el perdedor menos de 8). ¿Qué significa esto? La clasificación va a estar más viva que nunca, con menos distancia entre los concursantes aunque hayan pasado muchas galas pero, por otra parte, va a haber poca mano en quién gana cada gala.

No debemos olvidar que, aunque Tu cara me suena sea una competición, su premio es benéfico. Por eso, aunque los responsables del formato hayan decidido que era mejor acabar con ello, una de las cosas que más me gustó siempre del programa era que todos iban a ganar al menos una gala. Cada concursante tendría su minutito de gloria. Y ya después, llegaba la competición en la recta final. Si no, mirad qué aburrimiento habría sido ver a Roko ganar semana tras semana. Ahora, esto es más bien improbable. Habrá concursantes cuya ONG se irá de vacío y a mí, me da pena. Pero, respecto a show, seguramente funcione.


Tenemos al elenco de concursantes con más talento de la historia del programa, un jurado competente, una mecánica que favorece la competición y una noche de viernes en la que no me importa trasnochar para ver el programa hasta el final. ¿Qué más se puede pedir? Pues, tal vez, algo más de comedia.

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