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El éxito de Salvados

Lunes tras lunes, cuando llegan las audiencias del fin de semana, haga lo que haga la película de la semana en La 1, ¿quién crees que es el gran triunfador de la noche de los domingos? Fácil, ¿verdad? 'Salvados'.

Aquel programa que empezó como un especial sobre las elecciones, un poco como una sombra alargada de las apariciones de Jordi Évole en Buenafuente, con el tiempo ha ido cogiendo forma y parece que hoy en día se encuentra en su mejor momento. ¿Pero a qué se debe esto? Seguro que tú tienes alguna teoría: yo te cuento las mías.


La primera clave de 'Salvados' es que se ha convertido en una voz única. Con Cuatro totalmente desdibujada, es La Sexta el último bastión de "la izquierda". Y aunque sus informativos  intenten poner los puntos sobre las íes y aunque en El Intermedio se harten a reírse de "la derecha" y el gobierno, al final, el único que saca a los políticos a la palestra para sacarles todo su jugo es Jordi Évole. Parece (y digo "parece") que es el único que critica en este país, el único que lleva la voz de la calle a la pequeña pantalla.

En este sentido, Évole es un poco el Robin Hood de la información. Critica a los ricos para que nos entretengamos tú y yo, los pobres. Porque al final, 'Salvados' es entretenimiento puro y duro. Cuando te sientas a ver el programa sabes que, hablen de lo que hablen, vas a pasar un buen rato.

Y el hablen de lo que hablen es otro punto importante de 'Salvados'. No sé si te habrás parado a pensar en la variedad de temas que el programa ha venido tratando últimamente. Han hablado de enchufismo, de economía, de alimentación... Temáticas que no tienen que ver las unas con las otras pero que están bien elegidas en cuanto a que desde el programa consiguen que lo que ves te importe. Di la verdad. ¿Tú te acordabas del accidente de metro de Valencia de hace unos años? Yo tampoco. Y sospecho que a mucha gente le pasaba lo mismo. Sin embargo, te lo cuentan de forma que vuelva a interesarte.


Jordi Évole con Juan Cotino
¿Y cómo se consigue el interés? Es muy fácil: siempre hay un malo. Al igual que no hay Caperucita sin lobo o Hansel y Gretel sin bruja, no hay capítulo de 'Salvados' sin alguien a quien dirigir nuestra mirada de odio. Fabra, Baltar, Rajoy, Juan Cotino... o "las empresas", "el gobierno", "los mercados". Casi en la línea de las teorías conspiratorias tan presentes en Estados Unidos, aquí siempre hay alguien que nos quiere dar gato por liebre, alguien que quiere su propio bien y nuestro mal, alguien a quien tenemos que desenmascarar y conocer a fondo. Por eso nos quedamos pegados a la televisión durante 'Salvados'.

Bueno, por eso y por su duración. Al contrario que muchos de los programas de la televisión española, 'Salvados' no dura una eternidad y eso creo que juega a su favor.

Otro elemento que no debemos olvidar es que 'Salvados' tiene credibilidad. A base de criticar, Jordi Évole se ha ganado la fama de no callarse nunca y ya damos por hecho que llega hasta el fondo en cada investigación que se propone. Además, el programa da imagen de pluralidad. Aunque seguramente no dudarías del posicionamiento editorial del programa en la mayoría de los temas que tratan, como preguntan a unos y a otros, aquí y allá, parece que ya todo el mundo está representado y podemos quitar conclusiones.

Ya llevo enumeradas unas cuantas virtudes del programa, pero creo que me falta la más importante: 'Salvados' ha sabido evolucionar con el tiempo y por eso saben usar como nadie las redes sociales. Ya no hay emisión del programa que no pongan el hashtag que la gente debe utilizar para comentar en el que se ha convertido en el gran aliado de 'Salvados': twitter. Cada domingo por la noche Jordi Évole consigue al menos un Trending Topic y esto no les ha caído del cielo, sino que se lo trabajan.


Sí, son muchos los puntos a favor que tiene 'Salvados'. Sin embargo, no me parecen suficientes como para justificar las cifras de audiencia "desorbitadas" que ha tenido en los últimos meses. Muchos programas tienen gran cantidad de elementos positivos y, aún así, fracasan. Aquí la clave está en qué hacen los demás y en este sentido el programa de Jordi Évole tiene mucha suerte: no tiene competencia. Salvo que La 1 emita una película de gran tirón, ya desde hace tiempo todas las cadenas están en horas bajas en la noche del domingo y nadie parecía querer remediarlo. Hasta ahora. Porque el próximo domingo cuatro estrenará 'Un príncipe para Corina' prometiendo grandes dosis de trospidismo como las que tan bien funcionan en '¿Quién quiere casarse con mi hijo?'

Vaya como vaya el programa de Cuatro, aunque previsiblemente baje 'Salvados', Évole seguirá en plena forma durante bastante tiempo. Y bien que me alegro porque creo que es un programa que hace que nuestra televisión sea mucho más sana

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