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No es país para dramas

Septiembre es mes de estrenos de series. En la blogosfera, los que triunfan son los estrenos americanos. A día de hoy, podrás leer trescientas reviews de los pilotos emitidos en Estados Unidos, así que si quieres saber qué es lo que se lleva esta temporada, puedes cambiar de blog. Yo aquí he venido a hablarte de otra cosa. He venido a hablarte de los estrenos en España. Bueno, ya me conoces, no exactamente.

Aquí la temporada ha comenzado poniendo al frente realities, magacines, docushows y espectáculos varios, retrasando el estreno de las grandes series anunciadas, como esperando a ver quién se lleva el batacazo y poder sustituírlo con algo potente. De momento, los estrenos no están funcionando mal, así que no sé si al final habrá sitio para todo lo prometido. Pero esta es harina de otro costal. El caso es que, entre 'La voz', 'Quién quiere casarse con mi hijo', 'Encarcelados', 'España a ras de cielo' o 'Por arte de magia', cuatro series han encontrado hueco en parrilla. Junto a los regresos de 'Águila roja', 'Isabel' y 'Tierra de lobos', este mes hemos podido ver el estreno de 'Vive cantando'.

La nueva apuesta de ficción de Antena 3, aunque ha bajado respecto a su estreno, se mantiene en aceptables datos de audiencia. No sé si es que verdaderamente ha convencido a la audiencia o solo es una serie con la que entretenerse en espera de que estrenen algo mejor. Yo me inclinaría a pensar que lo segundo, pero no voy a entrar en este terreno.

Hay algo que me ha llamado poderosamente la atención en 'Vive cantando' y es que se trata de un "no drama". A ver cómo me explico... Algo así como un drama que no quiere serlo, que no quiere aceptar que lo es.

Es cierto que cualquier serie (o película) puede considerarse drama. Hasta las comedias se basan en las miserias de los personajes. Por eso aquí, cuando te hablo de drama, me refiero a esos dramas de llorar, a esas series que se basan en las desgracias y no para sacarle el punto cómico.

'Vive cantando' habla de muerte, de húerfanos, de crisis matrimoniales, de negocios que no funcionan y de relaciones personales muy dañadas. Vamos, que la serie habla de tocar fondo y, en este sentido, es muy interesante. Sin embargo, no es una serie para llorar. Con la excusa de intentar ser positivos frente a los malos tiempos, el tono de 'Vive cantando', sin ser comedia, tira de humor desdibujando el drama. Como opción, es totalmente válida. A la vista está que la serie se defiende bastante bien. Pero a mí, aunque válida, no me parece la mejor opción.


Como drama, 'Vive cantando' tiene mucho potencial, pero no solo eso. También tiene una plantilla de actores más que capaces de hacernos vibrar con sus sentidas interpretaciones. Tiene el planteamiento y tiene la materia prima. Entonces, ¿por qué no nos tomamos en serio el drama?

No me explico por qué en España cuesta tanto que se le dean oportunidades a los dramas de verdad. Debe ser que, como nos tenemos por un país de pandereta, no nos creemos capaces de producir (o ver) nada que no sean comedias y series de intrigas. Y sí, eso lo sabemos hacer muy bien, pero el drama tampoco se nos ha dado nada mal en los últimos años.

He tenido que tirar de memoria y de ayuda para enumerar todos los dramas que hemos podido ver en nuestras televisiones desde el boom de la ficción española (en TVE en los 80 si encontramos más dramas).

Tenemos que trasladarnos al 2007 para ver el drama 'Desaparecida' en TVE, la serie de origen de la productora Bambú que puso en valor a Luisa Martín tras ser la Juani en 'Médico de familia'. Aquí la trama estaba muy clara desde el principio y, aunque se completaba con misterio, era un drama en condiciones. Y funcionó. Cautivó a la audiencia y, probablemente, a esta serie debemos buena parte del buen hacer que hoy en día hay en nuestro país.

En 'Desaparecida' el drama no era nuevo para algunos de sus responsables, que llegaban a la televisión estatal provenientes de la serie 'A vida por diante' (La vida por delante) de Televisión de Galicia, popularmente conocida como "as viudas". Esta serie narraba la vida y desgracias de cinco mujeres que acababan de perder a sus maridos en el naufragio de un barco y, no nos engañemos, ¡claro que tenían toques de optimismo! Pero, normalmente, los capítulos se los pasaban llorando. Lloraban y lloraban, pero todo el mundo conocía la serie (y la recuerdan) destacando en sus índices de audiencia en TVG antes de la llegada de los bombazos que fueron 'Padre Casares' y 'Matalobos' hasta el punto de alcanzar los 82 episodios.


En otra televisión autonómica, y mucho más cerca en el tiempo, podemos encontrar otro drama. A día de hoy, ¿quién no conoce a los pulseras rojas? Y sí, ellos también tienen sus toques de buen humor. Incluso, de comedia. Pero está claro que 'Polseres Vermelles' es un drama. Un drama que funciona a las mil maravillas en TV3 y nada mal en Antena 3.

Cuesta encontrarlos, pero los ha habido. En nuestra televisión hemos tenido dramas. Buenos dramas. Series que supieron aceptarse a sí mismas y eso las hizo crecer. Porque está muy bien que nos riamos con las ocurrencias del Luisma pero nada llega al corazón, nada emociona como un buen drama.

Cuando hemos tenido dramas, los hemos hecho bien y los hemos visto. Y, aún así, no sé por qué, España no es país para dramas. Al menos, en la ficción.

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