¿Toros o no toros?
Hamlet se preguntaba "¿ser o no ser?" pero en aquellos tiempos no existía la televisión. Está claro. Si no, se preguntaría ¿toros o no toros? Este es el dilema que tenemos todos a cerca de las retransmisiones de corridas de toros en Televisión Española. Bueno, te miento. El dilema lo tenemos casi todos. Sus directivos actuales reiteran que no tienen dudas.
Es fácil encenderse con este tema. Pocas cuestiones hay tan viscerales en nuestro país pero yo voy a intentar que mantengamos la cabeza fría para abordar la cuestión desde distintos frentes porque, como en todo, pero aquí especialmente, cada uno mira lo suyo.
Pongo por delante que a mí las corridas de toros no me gustan. Es más, me desagradan desde mi más tierna infancia. Perdona que te cuente mi vida, pero aquí debo hablar de mi fallecida bisabuela, una mujer que yo adoraba y con la que pasé muchas horas de mi vida. Me enseñó mucho de lo que sé y también de lo que he olvidado y, como buena aficionada a la tauromaquia, también me introdujo en el mundo de los toros, tan poco habitual en Galicia. Recuerdo perfectamente cómo cada 7 de julio a las ocho de la mañana me plantaba yo en su cama para ver el encierro de San Fermín. Me apasionaba. Y lo vi durante muchos años hasta que fui perdiendo el interés. Sin embargo, cuando a las cinco de la tarde ella se sentaba a ver la corrida, yo no me sentaba con ella. Eso ya no me gustaba. No lo entendía y aún ahora me cuesta entenderlo.
Utilizar animales para nuestra propia diversión es algo que creo que debemos superar. Aquí que cada uno decida qué quiere hacer y como al toro no se le permite decidir si quiere entrar o no a morir a la plaza, pues no lo veo bien. Tampoco veo muy allá que se le fuerce a correr por calles abarrotadas pero al menos ahí no se le tortura más allá del susto que deben llevarse los pobres animales, pero los encierros parece que son otro tema, por horarios y porque son mucho menos violentos (para los animales). El caso es que nunca me han gustado y, además, no apoyo las corridas de toros. Quiero que quede claro. Y a partir de aquí, intentaré que esto no me influya.
Las voces que más se oyen contra la retransmisión en TVE de las corridas de toros son de aquellos que están en contra ya como concepto, en su aspecto ético-ecológico. Critican que se emitan porque ya están en contra de que existan. Se habla de tortura de animales y de una fiesta trasnochada por la cual matamos toros como podríamos quemar brujas. Pero el caso es que, televisivamente, este argumento no vale. Si existe, puede emitirse. Nos gustará más o menos, igual que Sálvame o Informe Semanal, pero existe y es susceptible de emisión. Su pelea es otra que no tiene nada que ver con la televisión.
Una vez asumido que, nos guste o no, las corridas de toros existen (en algunas partes de nuestro país), las voces en contra que más aciertan son las que apelan al horario protegido para la infancia. El horario infantil. Vaya jardín. Algún día nos pararemos tú y yo a hablar de su utilidad y/o necesidad, pero hoy no quiero explayarme demasiado. ¿Deben los niños ver por televisión cómo se tortura y mata un toro? Aquí creo que cada padre debería responder sí mismo y hacerlo con el mando a distancia pero, asumiendo que la televisión es la que educa a nuestros hijos... Pues... ¿deben los niños ver por televisión cómo se tortura y mata un toro? Pues no y "¿por qué no?". No me parece adecuado enfrentarlos a la muerte y mucho menos a festejar la tortura y ejecución de un animal. Ahora bien, los toros no son un mensaje codificado que diga a los niños que está bien maltratar animales o que les indique de alguna forma que no hay que tener respeto por los demás seres vivos. Cada cosa es lo que es. Los toros enseñan que está bien torturar y matar a un toro. Nada más. Y aunque a algunos nos parezca que esto no debería ser así, lo cierto es que está permitido, es legal, se puede hacer y, por tanto, "está bien". Así que los toros no transmiten a los niños ningún mensaje censurable. Si acaso, los enfrentan a escenas de una violencia evitable, pero no mayor que otros contenidos que los niños ven en televisión. Por tanto, apelar al horario protegido me parece un argumento válido, pero débil, que habría que tratar con la ley en la mano. Y ya sabemos que quien hace la ley, hace la trampa.
En todo caso, para evitar el daño a menores de edad, las corridas bien podrían retransmitirse en diferido, en un horario no protegido, pero, no sé por qué, esto no suele entrar en el debate. Las opciones siempre son sí o no.
En cualquier caso, sea cual sea el horario de emisión, se corre el riesgo de herir también las sensibilidades de adultos que no deseen ver esa violencia. Se dice que TVE es la televisión de todos pero... ¿qué significa eso realmente? ¿Es TVE la televisión que podemos ver todos a todas horas o la televisión en la que se programan contenidos para todos? En una TVE que todos veamos a todas horas, un contenido tan polémico como los toros no tendría cabida. Por tanto, deduzco que "la televisión de todos" será que tiene sitio un poco para toda clase de contenidos (¿un poco al estilo BBC, quizás?). En ese caso, los toros tendrían un hueco, sí, pero... ¿y todos los demás contenidos? Y ya no hablo de que programen bailes regionales (que por ejemplo en Galicia tienen mucha más tradición, seguimiento y razón de ser que los toros). ¿Dónde está la ciencia ficción? ¿Y la fantasía? Un programa sobre sexo estaría bien. En este modelo se debería reflejar la pluralidad social y de gustos y así sí sería una televisión de todos. Pero no. Solo hay toros. Curioso.
Las voces a favor alegan que TVE es un servicio público y que por eso los toros tienen cabida en la programación. Claro, ¿qué es "servicio público"? La pregunta del millón. Sea cual sea la respuesta, yo no le veo el servicio a los toros más allá de que los fans "necesitan" una ventana para verlos. En este caso, repito lo de antes: ¿dónde están los demás contenidos "minoritarios"? Si hay toros, yo quiero mi 'Doctor Who' español.
La última incorporación al trío de ases de los defensores de los toros es que sus audiencias son buenas. Y aquí hay también terreno para discutir. Estamos hablando de datos en torno al 10%. Hoy en día, con mínimo histórico conseguido en el mes de agosto y con unas tardes desinfladas que no levantan del 7% (gracias a una pésima gestión de la programación vespertina que va de mal en todavía peor), lo cierto es que esos datos estarían en la media diaria de la cadena y subirían varios puntos las tardes de La 1. Ahora bien, hablemos claro: ¿es a un 10% a lo que aspira La 1? No nos engañemos. Los toros no son un contenido que vaya a ganar audiencia según avancen las emisiones. Están enfocado a un público muy concreto que es el que lo va a ver mientras el resto lo ignorará. Así que aceptar estos datos es resignarse a un 10% de share, que es una audiencia baja para lo que debiera ser TVE. Además, su tendencia, por el reflejo social, es visiblemente a la baja. Cada vez es menos el público al que le interesa. Tampoco podemos obviar otro dato: un consumo exageradamente dispar según qué zonas de España, con comunidades en las que se consigue muy buena audiencia y otras en las que se baja a datos de La 2. Dado que TVE no tiene publicidad, esto no sería un problema para los anunciantes, pero no deja de ser indicativo de que se trata de un producto que no es "para todos" y que deja de lado a una importante parte de la audiencia.
Los datos a favor de los toros son positivos porque hemos tocado fondo. Y aquí cada uno ve el vaso medio lleno o medio vacío según le interese. Vamos, que tanto para unos como para otros, los datos son lo de menos. ¿Toros sí o toros no? Esta nunca ha sido una cuestión de programación sino ideológica, tanto para aquellos que están en contra, como para aquellos que la programan. Por eso, donde dije digo, digo Diego y si antes invalidaba los argumentos contra las corridas para criticar que se televisen, ahora los admito porque aquellos que las programan lo hacen únicamente para defender que existan. Aquí vamos a jugar todos con las mismas reglas.
Es fácil encenderse con este tema. Pocas cuestiones hay tan viscerales en nuestro país pero yo voy a intentar que mantengamos la cabeza fría para abordar la cuestión desde distintos frentes porque, como en todo, pero aquí especialmente, cada uno mira lo suyo.
Pongo por delante que a mí las corridas de toros no me gustan. Es más, me desagradan desde mi más tierna infancia. Perdona que te cuente mi vida, pero aquí debo hablar de mi fallecida bisabuela, una mujer que yo adoraba y con la que pasé muchas horas de mi vida. Me enseñó mucho de lo que sé y también de lo que he olvidado y, como buena aficionada a la tauromaquia, también me introdujo en el mundo de los toros, tan poco habitual en Galicia. Recuerdo perfectamente cómo cada 7 de julio a las ocho de la mañana me plantaba yo en su cama para ver el encierro de San Fermín. Me apasionaba. Y lo vi durante muchos años hasta que fui perdiendo el interés. Sin embargo, cuando a las cinco de la tarde ella se sentaba a ver la corrida, yo no me sentaba con ella. Eso ya no me gustaba. No lo entendía y aún ahora me cuesta entenderlo.
Utilizar animales para nuestra propia diversión es algo que creo que debemos superar. Aquí que cada uno decida qué quiere hacer y como al toro no se le permite decidir si quiere entrar o no a morir a la plaza, pues no lo veo bien. Tampoco veo muy allá que se le fuerce a correr por calles abarrotadas pero al menos ahí no se le tortura más allá del susto que deben llevarse los pobres animales, pero los encierros parece que son otro tema, por horarios y porque son mucho menos violentos (para los animales). El caso es que nunca me han gustado y, además, no apoyo las corridas de toros. Quiero que quede claro. Y a partir de aquí, intentaré que esto no me influya.
Las voces que más se oyen contra la retransmisión en TVE de las corridas de toros son de aquellos que están en contra ya como concepto, en su aspecto ético-ecológico. Critican que se emitan porque ya están en contra de que existan. Se habla de tortura de animales y de una fiesta trasnochada por la cual matamos toros como podríamos quemar brujas. Pero el caso es que, televisivamente, este argumento no vale. Si existe, puede emitirse. Nos gustará más o menos, igual que Sálvame o Informe Semanal, pero existe y es susceptible de emisión. Su pelea es otra que no tiene nada que ver con la televisión.
Una vez asumido que, nos guste o no, las corridas de toros existen (en algunas partes de nuestro país), las voces en contra que más aciertan son las que apelan al horario protegido para la infancia. El horario infantil. Vaya jardín. Algún día nos pararemos tú y yo a hablar de su utilidad y/o necesidad, pero hoy no quiero explayarme demasiado. ¿Deben los niños ver por televisión cómo se tortura y mata un toro? Aquí creo que cada padre debería responder sí mismo y hacerlo con el mando a distancia pero, asumiendo que la televisión es la que educa a nuestros hijos... Pues... ¿deben los niños ver por televisión cómo se tortura y mata un toro? Pues no y "¿por qué no?". No me parece adecuado enfrentarlos a la muerte y mucho menos a festejar la tortura y ejecución de un animal. Ahora bien, los toros no son un mensaje codificado que diga a los niños que está bien maltratar animales o que les indique de alguna forma que no hay que tener respeto por los demás seres vivos. Cada cosa es lo que es. Los toros enseñan que está bien torturar y matar a un toro. Nada más. Y aunque a algunos nos parezca que esto no debería ser así, lo cierto es que está permitido, es legal, se puede hacer y, por tanto, "está bien". Así que los toros no transmiten a los niños ningún mensaje censurable. Si acaso, los enfrentan a escenas de una violencia evitable, pero no mayor que otros contenidos que los niños ven en televisión. Por tanto, apelar al horario protegido me parece un argumento válido, pero débil, que habría que tratar con la ley en la mano. Y ya sabemos que quien hace la ley, hace la trampa.
En todo caso, para evitar el daño a menores de edad, las corridas bien podrían retransmitirse en diferido, en un horario no protegido, pero, no sé por qué, esto no suele entrar en el debate. Las opciones siempre son sí o no.
En cualquier caso, sea cual sea el horario de emisión, se corre el riesgo de herir también las sensibilidades de adultos que no deseen ver esa violencia. Se dice que TVE es la televisión de todos pero... ¿qué significa eso realmente? ¿Es TVE la televisión que podemos ver todos a todas horas o la televisión en la que se programan contenidos para todos? En una TVE que todos veamos a todas horas, un contenido tan polémico como los toros no tendría cabida. Por tanto, deduzco que "la televisión de todos" será que tiene sitio un poco para toda clase de contenidos (¿un poco al estilo BBC, quizás?). En ese caso, los toros tendrían un hueco, sí, pero... ¿y todos los demás contenidos? Y ya no hablo de que programen bailes regionales (que por ejemplo en Galicia tienen mucha más tradición, seguimiento y razón de ser que los toros). ¿Dónde está la ciencia ficción? ¿Y la fantasía? Un programa sobre sexo estaría bien. En este modelo se debería reflejar la pluralidad social y de gustos y así sí sería una televisión de todos. Pero no. Solo hay toros. Curioso.
Las voces a favor alegan que TVE es un servicio público y que por eso los toros tienen cabida en la programación. Claro, ¿qué es "servicio público"? La pregunta del millón. Sea cual sea la respuesta, yo no le veo el servicio a los toros más allá de que los fans "necesitan" una ventana para verlos. En este caso, repito lo de antes: ¿dónde están los demás contenidos "minoritarios"? Si hay toros, yo quiero mi 'Doctor Who' español.
La última incorporación al trío de ases de los defensores de los toros es que sus audiencias son buenas. Y aquí hay también terreno para discutir. Estamos hablando de datos en torno al 10%. Hoy en día, con mínimo histórico conseguido en el mes de agosto y con unas tardes desinfladas que no levantan del 7% (gracias a una pésima gestión de la programación vespertina que va de mal en todavía peor), lo cierto es que esos datos estarían en la media diaria de la cadena y subirían varios puntos las tardes de La 1. Ahora bien, hablemos claro: ¿es a un 10% a lo que aspira La 1? No nos engañemos. Los toros no son un contenido que vaya a ganar audiencia según avancen las emisiones. Están enfocado a un público muy concreto que es el que lo va a ver mientras el resto lo ignorará. Así que aceptar estos datos es resignarse a un 10% de share, que es una audiencia baja para lo que debiera ser TVE. Además, su tendencia, por el reflejo social, es visiblemente a la baja. Cada vez es menos el público al que le interesa. Tampoco podemos obviar otro dato: un consumo exageradamente dispar según qué zonas de España, con comunidades en las que se consigue muy buena audiencia y otras en las que se baja a datos de La 2. Dado que TVE no tiene publicidad, esto no sería un problema para los anunciantes, pero no deja de ser indicativo de que se trata de un producto que no es "para todos" y que deja de lado a una importante parte de la audiencia.
Los datos a favor de los toros son positivos porque hemos tocado fondo. Y aquí cada uno ve el vaso medio lleno o medio vacío según le interese. Vamos, que tanto para unos como para otros, los datos son lo de menos. ¿Toros sí o toros no? Esta nunca ha sido una cuestión de programación sino ideológica, tanto para aquellos que están en contra, como para aquellos que la programan. Por eso, donde dije digo, digo Diego y si antes invalidaba los argumentos contra las corridas para criticar que se televisen, ahora los admito porque aquellos que las programan lo hacen únicamente para defender que existan. Aquí vamos a jugar todos con las mismas reglas.



Buenaas... Me ha gustado este post. A mí los toros ni me van ni me vienen, pero como no he visto ninguna corrida en directo, no diré que no me gustan, sino que no me interesan.
ResponderEliminarEn primer lugar, estoy de acuerdo contigo en casi todo, con matices.
Te cito: "Utilizar animales para nuestra propia diversión es algo que creo que debemos superar." ¿Y qué hay del ejemplo que te pongo a continuación (salvando las distancias)? ¿Lo consideras comparable a la tauromaquia? También es un caso de utilización de animales para la diversión humana. :-P
http://www.youtube.com/watch?v=b46k0ImdB-w
Por otra parte, yo también pido un Doctor Who en español, y no solo eso, también un Torchwood en una ciudad costera española, como A Coruña o Gijón.
Y finalmente, hablas de los bajos índices de audiencia de RTVE1. En la medida en que es una televisión que vive de subvenciones y no de publicidad, creo que el nivel de audiencia no debería ser ninguna prioridad. Lo primero es la calidad de los contenidos y sus objetivos: informar, educar y entretener. En el panorama actual, yo creo que los objetivos tienden más a embobar, adoctrinar y manipular, salvo honrosas excepciones.
Yo abogo por un uso crítico del mando a distancia, nunca veo corridas de toros por la tele, y cuando era pequeño, me aburrían.
Enhorabuena por tu blog.
Gracias, Iñaki!
ResponderEliminarEn relación a tu ejemplo, aún salvando las distancias respecto al resultado de la tortura a la que se les somete, lo cierto es que es comparable a la tauromaquia en cuanto a que se emplea a los animales para disfrute y realización de las personas. En esta actividad no hay ningún beneficio real ni para los animales ni para los humanos, así que sí, deberíamos ir superando este tipo de eventos.
En cuanto a lo de Torchwood... ¿dónde hay que firmar?
El tema de la audiencia de TVE ya es otro cantar. Lo ideal sería que las cadenas públicas buscasen la calidad, la variedad y la represetatividad. Sin embargo, aunque no tenga publicidad, su modelo de programación es el de una cadena comercial (si no, entre otras cosas, no se explicaría que el prime time empiece a las 10:30 de la noche). Es en estos parámetros en los que hablo y critico la audiencia.
¡Bienvenido al blog!