El precio de la caridad
Ayer tuve por primera vez oportunidad de sentarme a ver la nueva apuesta para las tardes de La 1 y que, contra mis recomendaciones, viene a sustituir a Gran Reserva El Orígen: 'Entre todos'.
Si no has visto el programa, te lo resumo rápidamente: dos horas de duración para dos casos de gente anónima que necesita ayuda porque no tiene trabajo, porque no tiene qué darle de comer a sus hijos o porque necesita dinero para empezar un negocio para mantener a su familia. En plató, Toñi Moreno conduce todo con una energía desbordada y una positividad que resulta forzada. No está sola. La acompaña un publico digno de La ruleta de la suerte, al que solo le falta cantar, y cuatro expertos que, entre todos, abrirán la boca unos tres minutos en total durante todo el programa, así que prácticamente no cuentan. Lo importante está fuera de plató. Por un lado, un reportero se traslada a la casa del caso al que toca ayudar en ese programa. Por otro, personas que llaman por teléfono para ofrecer su ayuda donando o prestando dinero, regalando material escolar, ofreciéndose a hacer la compra o incluso ofreciendo un puesto de trabajo.
Todo muy bonito, ¿verdad? Pues no tanto. No entraré ya en el toque de censura política que tiene el programa, que corta cualquier discurso de protesta alegando que no están para quejarse sino para ayudar. Tampoco analizaré el papel de una Toñi Moreno que me resulta sobreactuada y demagoga, aunque puede que sea cosa de los primeros días. Lo que quiero comentarte es algo que me suele molestar siempre: que nos den gato por liebre.
Nos venden 'Entre todos' como un programa blanco, un sincero ejercicio de solidaridad entre los españoles. Y sí, es un bonito ejercicio de solidaridad entre españoles, pero el programa, de blanco, tiene poco. La caridad tiene un precio.
Si uno necesita que lo ayuden, no basta con pedirlo llamando al número (gratuíto) del programa. Hay que humillarse abriendo de par en par las puertas de tu casa para que todo el mundo vea cómo vives. No solo eso. Hay que sentarse ante la cámara durante toda una hora para agradecer llorando toda la ayuda que te quieren prestar, pero también para desnudar tu alma y contar todas tus miserias. Y si no las cuentas, te las preguntan. No sacan todos tus trapos sucios, cierto. Esto no es Sálvame Deluxe. Pero querrán saber si riñes con tu marido o si le mientes a tus hijos. No sé tú, pero yo no lo veo muy blanco.
Pero vale, esto tiene un pase. Esta gente quiere ayuda y el programa les hace pagar un precio por el bien de ambos. Por el bien del programa, para crear alrededor un show que atrape a la audiencia, y por el bien de quienes buscan ayuda porque cuantas más miserias cuenten, mejor. Así somos. Ayer lo retrataba muy bien una niña de diez años cuando le preguntaban por qué quería ayudar y respondía "porque me dan pena". Pues eso.
Lo sorprendente es que no solo que te ayuden tiene un precio. También hay que pagar un peaje para ayudar. Por lo visto, no basta con que llames para ofrecer enviarle material escolar o 150€ a la familia en cuestión. No se trata de la generosidad. Aquí lo importante es que llames y que cuentes que donas 150€ pero que tu marido está en paro, tienes tres hijos que mantener y una abuela enferma. Si llamas, te preguntarán por tu vida. Y si no quieres hablar de ello, insistirán. No interesa la gente que ayuda, sino el drama de la gente que ayuda. De esto solo te libras si eres "rico" y tienes un negocio. Entonces, no interesas tú porque no tienes drama, así que te preguntarán por tus trabajadores, por tu entorno y podrás regocijarte más en el drama de la desesperada familia que se ha expuesto a que le ayuden a cambio de su intimidad.
Entiendo perfectamente a la gente que se expone a esto. Poco vale tu intimidad cuando no tienes qué darle de comer a tus hijos. Me parece también admirable la gente que se expone a este circo solo para ayudar a alguien que lo necesita. Ahora bien, que quien monta este circo presuma de programa blanco y servicio público... El fin no justifica los medios y mucho menos en nuestra televisión pública.
Si no has visto el programa, te lo resumo rápidamente: dos horas de duración para dos casos de gente anónima que necesita ayuda porque no tiene trabajo, porque no tiene qué darle de comer a sus hijos o porque necesita dinero para empezar un negocio para mantener a su familia. En plató, Toñi Moreno conduce todo con una energía desbordada y una positividad que resulta forzada. No está sola. La acompaña un publico digno de La ruleta de la suerte, al que solo le falta cantar, y cuatro expertos que, entre todos, abrirán la boca unos tres minutos en total durante todo el programa, así que prácticamente no cuentan. Lo importante está fuera de plató. Por un lado, un reportero se traslada a la casa del caso al que toca ayudar en ese programa. Por otro, personas que llaman por teléfono para ofrecer su ayuda donando o prestando dinero, regalando material escolar, ofreciéndose a hacer la compra o incluso ofreciendo un puesto de trabajo.
Todo muy bonito, ¿verdad? Pues no tanto. No entraré ya en el toque de censura política que tiene el programa, que corta cualquier discurso de protesta alegando que no están para quejarse sino para ayudar. Tampoco analizaré el papel de una Toñi Moreno que me resulta sobreactuada y demagoga, aunque puede que sea cosa de los primeros días. Lo que quiero comentarte es algo que me suele molestar siempre: que nos den gato por liebre.
Nos venden 'Entre todos' como un programa blanco, un sincero ejercicio de solidaridad entre los españoles. Y sí, es un bonito ejercicio de solidaridad entre españoles, pero el programa, de blanco, tiene poco. La caridad tiene un precio.
Si uno necesita que lo ayuden, no basta con pedirlo llamando al número (gratuíto) del programa. Hay que humillarse abriendo de par en par las puertas de tu casa para que todo el mundo vea cómo vives. No solo eso. Hay que sentarse ante la cámara durante toda una hora para agradecer llorando toda la ayuda que te quieren prestar, pero también para desnudar tu alma y contar todas tus miserias. Y si no las cuentas, te las preguntan. No sacan todos tus trapos sucios, cierto. Esto no es Sálvame Deluxe. Pero querrán saber si riñes con tu marido o si le mientes a tus hijos. No sé tú, pero yo no lo veo muy blanco.
Pero vale, esto tiene un pase. Esta gente quiere ayuda y el programa les hace pagar un precio por el bien de ambos. Por el bien del programa, para crear alrededor un show que atrape a la audiencia, y por el bien de quienes buscan ayuda porque cuantas más miserias cuenten, mejor. Así somos. Ayer lo retrataba muy bien una niña de diez años cuando le preguntaban por qué quería ayudar y respondía "porque me dan pena". Pues eso.
Lo sorprendente es que no solo que te ayuden tiene un precio. También hay que pagar un peaje para ayudar. Por lo visto, no basta con que llames para ofrecer enviarle material escolar o 150€ a la familia en cuestión. No se trata de la generosidad. Aquí lo importante es que llames y que cuentes que donas 150€ pero que tu marido está en paro, tienes tres hijos que mantener y una abuela enferma. Si llamas, te preguntarán por tu vida. Y si no quieres hablar de ello, insistirán. No interesa la gente que ayuda, sino el drama de la gente que ayuda. De esto solo te libras si eres "rico" y tienes un negocio. Entonces, no interesas tú porque no tienes drama, así que te preguntarán por tus trabajadores, por tu entorno y podrás regocijarte más en el drama de la desesperada familia que se ha expuesto a que le ayuden a cambio de su intimidad.
Entiendo perfectamente a la gente que se expone a esto. Poco vale tu intimidad cuando no tienes qué darle de comer a tus hijos. Me parece también admirable la gente que se expone a este circo solo para ayudar a alguien que lo necesita. Ahora bien, que quien monta este circo presuma de programa blanco y servicio público... El fin no justifica los medios y mucho menos en nuestra televisión pública.



Hola, pues yo lo vi por casualidad esta semana. Bueno, en realidad vi tres minutos de programa. Me pareció todo muy falso y forzado. La presentadora parecía haberse comido tres bocatas de prozac y poco más, sentí la imperiosa necesidad de cambiar de canal.
ResponderEliminarCasi mejor ver uno de esos realities americanos de la TDT sobre la vida en una casa de empeños. Muy poco halagador para el programa de RTVE, digo yo.
Volviendo al "Entre todos", me pareció una burda tentativa de que la gente olvide que los políticos son los máximos responsables de las situaciones dramáticas que exhiben. Sensiblería barata y fingida. Nauseabundo.